En las universidades, los maestros tenemos el deber de llevar a cabo la evaluación de nuestros estudiantes, en las asignaturas que se encomiendan a nuestra responsabilidad, las cátedras que impartimos. Asimismo, las evaluaciones deben ser apegadas a los contenidos autorizados y vigentes en los programas aprobados por el H. Consejo Universitario, para el caso de la Universidad Autónoma de Querétaro, como de manera semejante sucede en todas las universidades públicas autónomas. Los maestros estamos obligados a impartir en nuestras cátedras, cabalmente, los contenidos aprobados para cada asignatura.

Normalmente prevalece la libertad de cátedra, lo cual significa el derecho de los profesores a presentar los conocimientos sin someterse a una doctrina impuesta por los poderes públicos, lo cual no excluye los preceptos arriba señalados. Evidentemente, siempre resultará impropio que el catedrático ejerza su labor académica pretendiendo ideologizar a los educandos.

En cambio, es deseable que el maestro promueva la libertad de pensamiento y el espíritu crítico, así como la capacidad de los educandos para identificar que el conocimiento que se entrega en su asignatura no debe verse como un logro definitivo, sino como un marco de referencia; tal es el caso de una teoría que está basada en diversas hipótesis, lo que advierte sus limitaciones.

Como profesor de varias asignaturas relativas a mecánica de suelos y cimentaciones, en la licenciatura de ingeniería civil y en el posgrado en la UAQ, siempre procuré señalar a mis alumnos las limitaciones y alcances de las teorías que se estudiaban para dar respuesta a los requerimientos de la práctica, les invitaba a ser cuidadosos en su utilización.

Cuando estudiaba el posgrado en mecánica de suelos en la UNAM (1978-1982), mi profesor, el Dr. Eulalio Juárez Badillo, recuerdo que expresó en su cátedra que no era aplicable la teoría elástica para la explicar del comportamiento esfuerzo-deformación de los suelos; sin embargo, advirtió que, si un día cambiaba su forma de pensar, no se lo reprocháramos.

Al estudiar la carrera de ingeniería civil en la UAQ (1973-1977), en las asignaturas de mecánica de suelos y cimentaciones se tenían como referencia principal los excelentes libros de mecánica de suelos I, II y III publicados por Eulalio Juárez Badillo y Alfonso Rico Rodríguez (que fueron luego mis profesores en el posgrado en la UNAM). Estos libros eran los más utilizados en las licenciaturas en ingeniería civil en México y en América Latina.

Los maestros que tuve en mecánica de suelos y cimentaciones en la carrera eran muy respetables y capaces, así como los contenidos de las asignaturas; no se subrayaban las limitaciones en su aplicación al caso de la Zona Metropolitana de Querétaro, en lo que atañe al comportamiento mecánico de los suelos de la región, que son arcillas expansivas (suelos no saturados).

Es oportuno reconocer que mi maestro de cimentaciones en la UAQ, Ángel Trejo Mohedano, sí enfatizaba en sus cátedras sobre los suelos expansivos de Querétaro y tenía experiencia en la realización de estudios de mecánica de suelos, cimentaciones, así como en análisis y diseño de pavimentos. (Continuará)

Ex rector de la UAQ

zepeda@uaq.mx

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