Durante años, Querétaro ha sido “vendido” como una promesa, muchas familias llegaron buscando tranquilidad, empleo, seguridad, mejores servicios y una vida distinta; para muchas familias, mudarse aquí significaba empezar de nuevo, construir patrimonio, criar a sus hijos en un entorno más ordenado y tener acceso a oportunidades que en otros lugares parecían cada vez más lejanas.

Y sí, Querétaro afortunadamente ha recibido inversiones, población, desarrollos, empresas, universidades, comercios y nuevos proyectos, ha crecido, sin embargo, hay una pregunta que no podemos evitar: ¿ese crecimiento se está reflejando realmente en la vida diaria de las familias?

Porque una ciudad no se mide solamente por cuántos edificios se levantan, cuántas plazas se inauguran o cuántos fraccionamientos se anuncian, una ciudad se mide por algo mucho más profundo: en si a las familias les alcanza para vivir con tranquilidad, para muchas y muchos de nuestros habitantes el ingreso se va demasiado rápido.

Suben los alimentos, suben los servicios, sube el transporte, suben las colegiaturas, suben las rentas, sube el costo de atender una enfermedad, sube hasta el costo de moverse de un punto a otro. Y aunque haya empleo, muchas veces el sueldo no alcanza para cubrir todo lo que una familia necesita.

El problema ya no es solamente comprar una casa. El problema es pagar la renta, llenar el refrigerador, poner gasolina o pagar camiones, comprar útiles, cubrir recibos, resolver una fuga, pagar una consulta, cuidar a los hijos y todavía llegar al final de la quincena sin sentir que todo se volvió una carrera contra el dinero. Eso es parte de la calidad de vida. Hablar del costo de vida no es estar en contra del desarrollo, al contrario, es exigir que el desarrollo tenga sentido humano. Que el crecimiento no se quede en las cifras, sino que se sienta en las colonias, en los hogares, en los trayectos, en los servicios y en el bolsillo de quienes trabajan todos los días.

Querétaro no puede acostumbrarse a que vivir aquí sea cada vez más difícil para quienes sostienen la ciudad, no puede normalizarse que una familia tenga que alejarse cada vez más para encontrar una renta que “puedan pagar sin dejar de vivir”, aunque eso implique más tiempo de traslado. No es posible que deba verse como inevitable que haya colonias con problemas de agua, movilidad o carencia de servicios mientras se presume crecimiento, no debemos celebrar una ciudad moderna si hay familias que viven con angustia cada quincena.

El verdadero reto ordenar a Querétaro, es su crecimiento. Ordenarlo significa planear vivienda accesible, movilidad eficiente, servicios suficientes, agua garantizada, empleo bien pagado...

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