El clandestinaje, entendido como la realización de actividades fuera de los marcos legales y normativos, es una problemática que ha ido en crecimiento en Querétaro.
A pesar de la imagen de tranquilidad y desarrollo que suele proyectar la entidad, los últimos acontecimientos violentos en Santa Rosa Jáuregui y Corregidora han puesto de manifiesto la urgencia de fortalecer la vigilancia en centros nocturnos y mejorar la política de seguridad.
En las últimas semanas, hemos visto hechos violentos en lugares de entretenimiento y consumo de alcohol que operaban al margen de la ley. El primero, ocurrido en Santa Rosa Jáuregui que costó la vida de dos personas. El otro, más reciente, tiene que ver con el deceso de cinco personas en un palenque improvisado, donde supuestamente, se organizaban peleas de gallos. Ambos hechos dejaron al descubierto que hay un problema de vigilancia y regulación de centros nocturnos en la Zona Metropolitana.
La población local ha expresado su preocupación a través de redes sociales y medios de comunicación, dado que la presencia de personas armadas y el incremento de hechos delictivos han provocado un ambiente de inseguridad y temor en varias zonas. Advierten que de unos meses para acá, han proliferado bares, salones de fiestas y puntos de venta de bebidas alcohólicas sin licencia, generando conflictos que han derivado en enfrentamientos y ataques armados.
Si bien las autoridades, especialmente las municipales, han implementado operativos para cerrar estos lugares, el problema persiste por la demanda y la facilidad con la que se abren estos negocios, en la clandestinidad.
No obstante, los eventos recientes han dejado claro que el clandestinaje va más allá de una infracción administrativa; implica un riesgo para la seguridad de propios y ajenos. La falta de regulación efectiva, sumada a la corrupción en algunos sectores, permite que estas actividades se mantengan e incluso, crezcan.
En Santa Rosa Jáuregui, testimonios de vecinos apuntan a la existencia de casas de seguridad, puntos de venta de sustancias ilegales y una dinámica de violencia que se intensifica los fines de semana. En Corregidora, el problema es similar pero con matices propios. El crecimiento urbano y la llegada de nuevos habitantes propician la aparición de negocios informales que aprovechan la falta de inspecciones.
Así, los recientes tiroteos no solo han dejado heridos y daños materiales, sino que han creado una sensación de vulnerabilidad entre quienes habitan o transitan por estas zonas.
A pesar de los esfuerzos de la policía estatal y municipal, los operativos suelen ser reactivos y no logran desmantelar las estructuras clandestinas. Por eso, más allá de los operativos, hay que implementar estrategias de prevención integrales, regularización de negocios y fortalecimiento del tejido social. La colaboración entre ciudadanía, autoridades y sectores empresariales es fundamental para erradicar este fenómeno que amenaza la convivencia pacífica y el desarrollo económico del estado.
Hasta el momento, la política de alto rigor y cero tolerancias que ha implementado el gobierno estatal y los municipios no ha sido eficaz. Los eventos violentos recientes son una alerta para que la prevención, regulación y seguridad sean más efectivas.
De no atenderse a fondo, el clandestinaje podría seguir expandiéndose y poner en riesgo la estabilidad de Querétaro, una entidad que ha sido referente de paz y progreso.























