En Querétaro también está presente la costumbre de elaborar y regalar calaveras de azúcar o chocolate decoradas y con el nombre del obsequiado impreso en la frente.
En este sentido, una calavera de dulce se come con todo desenfando, cosa que causa extrañeza, incomprensión y temor a cualquier extranjero que presencia este suceso. Para nosotros la calavera y la muerte son algo cotidiano como la vida misma. En Querétaro, la tradición de las calaveras de dulce, se mantiene vigente.
Para muestra es importante decir que con más de cinco generaciones en la elaboración y venta de calaveras de azúcar y alfeñiques, la familia Avilés Mendoza prepara entre las semanas previas al día de muertos y Día de Todos Santos, alrededor de tres mil calaveras de azúcar de diferentes tamaños y alfeñiques como perritos, mujeres, charros, brujas, platillos típicos, entre otros.
La tradición de la elaboración de estos productos de temporada iniciaron desde los bisabuelos, relata Yolanda Mendoza, quienes han pasado la receta, proceso y decorado de generación en generación.
Su domicilio particular se ubica en la calle Altamirano 39 Sur, se convierte entre los meses de septiembre y octubre en fábrica y tienda de este dulce producto que recuerda a la muerte y la llegada en espíritu del ser querido fallecido.
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