Este emprendedor nacido en Sudáfrica tenía un problema. Como buen físico, tener un problema no es algo malo para él; es de lo que se alimenta. Se trataba de dónde invertir todo ese capital que tenía una vez que vendió PayPal (la empresa de pagos digitales) a eBay (la plataforma de comercio electrónico).

Como buen físico, apuntó su dinero hacia lo que había escuchado que era “el futuro”.

Por alguna razón, esa promesa de la ciencia-ficción que había leído en los años 80 mientras era un adolescente aún no se cumplía: viajes espaciales impulsados por energía casi interminable.

Hoy Elon Musk ya tiene un pie en México. Ya se ve andar uno de sus Tesla en el país. Pero ¿no debería este inversionista en innovación energética poner los dos pies en México?

Su apuesta por la energía va más allá de lo renovable, sino de lo escalable y más eficiente. Si es así, probablemente escucharemos mucho sobre Elon Musk y sus empresas: SpaceX, Tesla y SolarCity.

El caso del fracaso. No le tiene miedo al fracaso, sino a la posibilidad de ya no poder fracasar; es decir, cerrar las puertas de alguna de sus empresas. Cuando SpaceX estaba a punto de quebrar no dudó en invertir en ella gran parte de su fortuna, cuando nadie más estaba dispuesto a hacerlo.

Su misión no es sencilla. Con SpaceX busca hacer los viajes más económicos, incluso para que algunas personas con suficiente dinero puedan hacer expediciones, como “civiles”. Otra de sus promesas es convertirse en un proveedor confiable para la estación espacial internacional.

Para lograrlo, una de sus metas es hacer que los cohetes al ser desechados no caigan al mar, sino que aterricen en un lugar adecuado sin mayores daños. Al recuperarlos de esta manera, el costo de ese lanzamiento (que puede ser para poner en órbita un satélite, por ejemplo) es significativamente menos caro.

Se trata de un negocio de probabilidades. Usualmente todas las partes involucradas comparten el riesgo de que el lanzamiento no salga como debe ser, pero finalmente es su marca, SpaceX, la que había sufrido los fracasos.

Tuvo que invertir de su propio bolsillo, algo inusitado justamente en empresas donde parte de su estrategia es compartir el riesgo, para que otros inversionistas se vieran atraídos por su determinación a hacer que aquello, SpaceX y los autos eléctricos y tecnología de almacenamiento de energía, Tesla, funcionara.

Se puede decir que Elon Musk disfruta del fracaso. Le gusta saber que puede aprender de un despegue que no se logró, una explosión por aquí, otra por allá. Millones yéndose por el caño. En su cuenta de Instagram, donde tiene casi 300 mil seguidores, su última imagen es un video de cómo uno de sus cohetes no logra aterrizar en buen estado. Una de sus cuatro patas se vence, presumiblemente por la congelación que sufrió en el espacio, con lo que se volvió más frágil, y sucumbe ante una plataforma donde termina por explotar.

Otro de sus cohetes con carga valiosa para Estación Espacial Internacional explotó después de dos minutos de despegar. De nuevo, el costo no sólo se trata de SpaceX, sino de varios organismos (y naciones) que tienen puesto en Elon Musk la confianza para enviar alimentos y material a la estación, una de las iniciativas más importantes de la coordinación de gobiernos, en pos de la investigación.

Algo similar sucede con Tesla.

El legado de Tesla. El nombre es ambicioso. Llamar a tu empresa “Tesla” significa tener el valor de ser criticado por crear productos que en su tiempo serán mal vistos, pero que pueden cambiar la percepción de la gente, una vez que se popularicen.

Es decir que se está dispuesto a morir en el intento por idear algo fuera de lo común. De esto ya tiene un par de experiencias el señor Musk.

Cuando cofundó PayPal, la tecnología para hacer pagos por internet de manera más segura que simplemente compartir los datos de tu tarjeta, las críticas eran feroces, sobre todo por la banca que no estaba dispuesta a cambiar su manera de hacer las cosas.

Finalmente logró influir y tener una parte del pastel financiero, hasta que lo vendió a eBay (que más tarde lo separó de su negocio de comercio electrónico). No se trataba de un sitio de internet que creara una base de datos más con la información financiera. Era mucho más. Se tratata de idear nuevas tecnologías para asegurar que las transacciones por la nueva red de comunicación fueran seguras.

Se trataba de una nueva frontera a explorar y requería inversión en investigación. Es en este aspecto donde Elon Musk se siente más confortable y, al mismo tiempo, retado.

Le gusta más decir que es el jefe de diseño de SpaceX y Tesla que presumir su posición como CEO y accionista mayoritario. Es, a fin de cuentas, un físico convencido que el producto es lo que vende, no la publicidad o el marketing detrás de un producto. Es la solución a un problema lo que encontrará un lugar en el mercado.

No al revés. Al estilo de empresas como Inditex (la comercializadora de moda rápida), no gasta casi nada en publicidad. Su visión es “si no tienes un buen producto, la gente no lo va a querer comprar”.

Entre la ficción y la realidad. Su manera de invertir pareciera de manera osada al no tener claro cuándo se tendrá el retorno de inversión. En el business plan claro que existe una fecha, pero, como suele suceder en StartUps el plan siempre se rebasa por la vida real. Su apuesta es tan a largo plazo que fracasos como aquellos cohetes que explotaron estaban de alguna manera considerados previamente.

Esa osadía le hizo que se ganara la relación con el personaje de Iron Man, el empresario multimillonario que invierte en investigación para crear sus juguetes con los que se convierte en un superhéroe. La comparación es excesiva, pero tiene algo de cierta. De los millonarios en el mundo, pocos tienen la visión de Elon Musk. Y pocos tienen la certeza de que tendrán muchos fracasos, incluso quizá no vivan antes de ver lograr algunas de sus metas, como un transporte a Marte, o el turismo espacial.

Ante la muerte, Elon Musk está consciente de la sabiduría popular: “solo hay una cosa segura: vamos a morir”. Pero lo menciona de manera más coloquial: “Tienes que morir en algún lugar, ¿por qué no hacerlo en Marte?”

Hubo una muerte que no la pudo tomar con humor. En una prueba de sus autos eléctricos en Tesla, uno de los pilotos se estrelló y perdió la vida. Meses más tarde, el mismo Elon Musk realizó algunas pruebas personalmente y le dio el tour a los medios invitados en el lanzamiento de la línea de autos eléctricos.

De nuevo, se puso al frente para ganar la confianza de la gente.

Una persona electrificante. Sus nuevos autos en Tesla Motors están lejos de ser los modelos del auto eléctrico que vendía las virtudes de ahorrar combustible (que claro que lo hace). Se tratan de unidades de extremo lujo y con un poder poco antes visto en los autos de combustión, a menos que se tratara de un deportivo como un Ferrari. De nuevo, rompió el paradigma de cómo vemos el auto eléctrico.

Lo sacó de tras bambalinas (después de que la misma industria automotriz lo escondiera en un garaje oculto) para llevarlo a un alto perfil.

En México, su apuesta tiene el acento en la sustentabilidad, pero también en la seguridad (se promociona como el sedán más seguro) y en la velocidad (y el más rápido). La apuesta es difícil: vender un auto como el más seguro y al mismo tiempo el más veloz.

Por si fuera poco, la excentricidad se deja ver en los modelos con las puertas como “alas de halcón”, que nos recuerda a los Lamborghini de la década de los 80.

Ese tipo de personas es Elon Musk.

¿Quién aconseja a este empresario? A diferencia de muchas StartUps que buscan la mejora continua con una retroalimentación constante con los usuarios o clientes, Elon Musk opta por un consejo de personas muy preparadas para opinar sobre sus productos.

Así, las decisiones que se toman no se tratan de caprichos del mismo Elon, sino son producto de muchas discusiones entre estas personas a quien les tiene confianza de manera intelectual. Siempre críticos y pensando cómo mejorar lo que ya se hace.

Método Musk. Su manera de trabajar no es muy distinta a otros empresarios exitosos. Mucho trabajo, mucha organización. Quizá algo que siempre tiene presente es trazar un camino (roadmap) de todo lo que tiene que suceder para llegar a las metas antes mencionadas, como el viaje a Marte o los cohetes que aterrizan por sí solos. Esos roadmaps son de largo plazo, pero con fechas precisas. Así hace que pasen de la ciencia-ficción a la vida real.

A la hora de tomar decisiones su día a día es medir los riesgos; probabilidad, algo de lo que se alimenta durante su papel como desarrollador de productos. ¿Por qué este “feature” funcionará en un auto como éste? ¿Qué tipo de usuario estamos dejando fuera con estas puertas extravagantes? ¿Qué costo tiene todo esto?

En recientes declaraciones Elon Musk expresó su preocupación aparente por que el precio del petróleo (que ronda los 20 dólares el barril) afectará a la investigación en los autos eléctricos. Realmente no está hablando de que quisiera que fuera más caro andar en autos de combustión, sino que critica a los inversionistas que verán menos factible en el corto plazo el retorno de inversión si ponen su dinero en energía renovable, y por eso no lo “arriesgan” en emprendimiento como el suyo.

* * *Elon Musk, de madre canadiense, nacido en Sudáfrica, no siempre se ha sentido que pertenece a un lugar fijo. De África se mudó a Canadá y ahora sus empresas están en California y poco a poco en el resto del mundo. Si como lo ha hecho antes, se pone al frente para probar el desarrollo de su equipo, no dudamos que en unos años, como sugiere, viaje a Marte, muy probablemente sin vuelo de regreso, porque “en algún lugar tienes que morir”.

Entre sus “hobbies” está producir películas como Thanks for Smoking, y aparecer en shows como The Simpsons y The Big Bang Theory. ¿Por qué no?

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