POR: POLLO ROCK

@pollorockmusica

Natanael Cano aprendió muy joven que los sueños también pueden convertirse en una ruta de trabajo. Antes de los escenarios multitudinarios, los millones de reproducciones y el reconocimiento internacional, el adolescente de Hermosillo, Sonora, pasaba horas con una guitarra entre las manos convencido de que algún día viviría de la música.

Esa certeza terminó convirtiéndose en una de las historias más importantes de la transformación reciente del regional mexicano. Cano no sólo encontró una manera distinta de interpretar los corridos; ayudó a construir una corriente que conectó la tradición con una generación que buscaba nuevas formas de contar sus historias.

Su relación con la música comenzó en casa, rodeado de familiares que tocaban distintos instrumentos. Sin embargo, fue Ariel Camacho quien marcó su camino.

“Cuando se trata de cantar corridos, yo los hago regional, sencillo, lo básico, como Ariel. Siempre como lo hacía Ariel Camacho. Nunca pierdo esa esencia porque yo empecé en la música por él”, recuerda.

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De la guitarra al nacimiento de los corridos tumbados

La disciplina fue determinante. Cano dedicaba varias horas al día a practicar guitarra y cantar hasta encontrar su propia voz. Primero llegaron las composiciones para otros cantantes y posteriormente la decisión de convertirse en el intérprete de sus canciones.

El proceso estuvo lejos de ser cómodo. Hubo hoteles, viajes constantes y una carrera construida sobre la marcha.

Más allá de las canciones, su historia revela una personalidad convencida de que el éxito debía buscarse antes de que llegara. “De niño no era nadie y yo ya sabía, sabía que iba a ser cantante, que iba a tener mi posición, mi lugar, mi todo. Que iba a ayudar a mi familia”.

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Para Cano, la llamada ley de la atracción se convirtió en una explicación personal de lo que ocurrió después.

“Lo piensas, te lo imaginas y lo materializas. En ese momento yo estaba pensando y quemando cinta de todo lo que quería hacer, lograr, y lo materializamos. Todo es posible. Todo depende del hambre que traiga cada quien”.

Su laboratorio creativo

Cano asegura que el fenómeno alrededor de su nombre no es lo que actualmente determina su trabajo. Su prioridad parece estar en continuar evolucionando y conservar un espacio propio para crear.

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La soledad ocupa un lugar central en ese proceso.

“Eres una persona diferente cuando estás solo y cuando estás acompañado, y eso también sucede en la composición. Cuando estoy solo siento que soy yo y me opongo a componer lo que yo quiero en verdad”.

Reconoce que la ducha y los viajes en avión se han convertido en espacios donde encuentra concentración para escribir y pensar en lo que viene.

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El siguiente capítulo de esa historia tendrá un escenario importante. Natanael Cano llevará su Vol. 1 Tour al Foro GNP Seguros.

Así, el adolescente que alguna vez imaginó ser cantante llega a una nueva etapa con una certeza similar a la de sus primeros años: todavía queda territorio por conquistar.

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