Lo increíble de la historia, al menos de la historia musical, es que acaba poniendo a la mayoría de sus protagonistas en su lugar, tarde o temprano. Por ello, ahora se sabe que el líder bolchevique Vladimir Lenin pudo haber sido el primer rockstar ruso electrónico, aun cuando en su época ni siquiera se había inventado el término.

Esto se debió a la pasión que se desató en Lenin cuando conoció el Theremín, un invento de su colega Lev Serguéievich Teremen, que se dio a conocer en 1919. Lo que pasó con Lenin es que no perseveró lo suficiente y dejó la música, no sin antes haber encargado la fabricación de unos 600 instrumentos cuyo sonido asemejaba una extraña cruza entre el violonchelo y la voz humana de manera angustiante.

Era una caja con dos antenas que, en su versión más rudimentaria, podía producir música electrónica sin ser tocada por la mano del hombre.

“El Abuelo de los Sintetizadores Modernos” se basa en el simple concepto de modulación de frecuencias, tonos y volumen, acercando o alejando las manos a las antenas: la derecha que controla el tono o la frecuencia, y la izquierda que controla el volumen.

Su inventor, León Theremín, se dio una vida elegante de dandy en Nueva York, a donde llegó después de una gira mundial de conciertos patrocinada por el jerarca bolchevique para dar a conocer su invento. León siempre estuvo rodeado de mujeres bellas, algunas de las cuales terminaron siendo reconocidas concertistas del Theremin, como Clara Rockmore.

La historia glamorosa del padre del instrumento se puede ver en el melancólico documental Theremin an Electronic Odyssey, de Steven M, Martin. El docu habla de un tipo que creó una música extraña, aunque no lo fuen tanto para los también extraños habitantes del mundo del rock, que visionaron lo que podrían conseguir con el Theremín.

Ahí están los primeros ejemplos de los que hizo Brian Wilson, el cerebro de los Beach Boys, o Jimmy Page, de Led Zeppelin, por citar dos puntas del iceberg musical, que ya había detonado en el cine con la clásica El día que paralizaron la Tierra (1951), aunque Hitchcock ya había usado el instrumento en Recuerda. Para el rock, su aceptación tiene credenciales en los Rolling Stones, Pink Floyd y un etcétera que incluye al mexicano de culto: Juan García Esquivel.

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