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¡Cuántas coincidencias podemos encontrar tanto en la vida como en la fotografía! Si relacionamos la primera con la luz del día, para quienes tenemos ese gusto, adquiere un especial encanto y magia tanto en el amanecer como en el atardecer, porque los rayos del sol aún son suaves y, además, nos regalan diversas tonalidades.
Hacia el mediodía, la luz del sol es dura y directa, haciendo que los contrastes sean muy marcados, dificultando encontrar el equilibrio y no es, sino al atardecer, cuando de nuevo disminuye la intensidad y nos regala con frecuencia un espectáculo.
Así ocurre con la vida. La niñez debe ser de luces suaves y cuando crecemos y entramos a la vida adulta nos endurecemos. Sólo el tiempo se encarga de acomodar nuestra intensidad cuando la edad nos alcanza y nos brinda la oportunidad de ver las cosas desde otra perspectiva. Así también podemos, en ocasiones, descubrir lo que hay a contraluz en la vida, como cuando disfrutamos de algún amanecer en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.
*Twitter: @Gerardo.Proal.
Blog: http://gerardoproal.tumblr.com
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