Investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, en colaboración con médicos del Hospital de Infectología del Centro Médico Nacional La Raza, del IMSS, y del Hospital Adolfo López Mateos, del ISSSTE, trabajan en un método para diagnosticar el hígado graso no alcohólico (NAFL, por sus siglas en inglés) y otra forma de hígado graso: la esteatohepatitis no alcohólica o NASH (nonalcoholic steatohepatitis), en la que, además de acumulación de grasa en los hepatocitos (células funcionales del hígado), principalmente triglicéridos, hay inflamación y lesión en estas células.
“En el NASH, la acumulación de grasa en el hígado se acompaña de inflamación que puede dar lugar a necrosis y fibrosis, y esto desembocar en cirrosis hepática y hepatocarcinoma o cáncer de hígado”, dice Salvador Fonseca Coronado, jefe de la sección de Ciencias de la Salud Humana y coordinador del Laboratorio de Inmunología de Enfermedades Infecciosas y Crónico-Degenerativas, de la Unidad de Investigación Multidisciplinaria de la FES Cuautitlán.
Así, se debe distinguir entre los pacientes con NAFL y los pacientes con NASH, porque durante el proceso de inflamación hay destrucción de los hepatocitos y su sustitución por fibroblastos.
“Esto da lugar a lo que se conoce como fibrosis. Cuando el daño es muy grave se genera cirrosis y, por último, hepatocarcinoma”, añade el investigador.
Los pacientes con NASH corren un mayor riesgo de sufrir una progresión a cirrosis y hepatocarcinoma, sobre todo si presentan otros factores de riesgo, como diabetes tipo II o hipertensión arterial y niveles altos de glucosa, colesterol y triglicéridos (los cuatro últimos conforman el síndrome metabólico).
“Hasta ahora, la única forma de diagnóstico para diferenciar entre NAFL y NASH es hacer una biopsia hepática, un procedimiento muy invasivo que conlleva riesgos y en ocasiones no es representativo del daño hepático”, explica Fonseca Coronado.
Para diferenciar entre el NAFL y el NASH, los investigadores identifican, a partir de una muestra de sangre, marcadores tanto genéticos como serológicos, con los cuales establecen si el paciente tiene NASH más diabetes, sobrepeso o algún grado de obesidad mórbida.
Al paciente con NASH se le debe dar un cuidado y seguimiento mucho más estrictos que al paciente con NAFL, aunque éste padezca diabetes o síndrome metabólico, porque los pacientes con NASH tienen hasta 20% más riesgo de desarrollar cirrosis que los que aún no presentan el proceso inflamatorio.
“Uno de los objetivos que nos hemos planteado en el Laboratorio de Inmunología de Enfermedades Infecciosas y Crónico-Degenerativas es generar información de marcadores moleculares con aplicación clínica en los pacientes”, finaliza el investigador de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán.
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