La catedral de la ciudad de Querétaro recibió ayer las reliquias de San Junípero Serra y San Ignacio de Loyola. Los devotos acuden para hacer peticiones de intercesión a los dos santos en sus tribulaciones, pedir por sus familiares como un acto de fe, en tiempos donde pareciera que lo espiritual se olvida en la vorágine de la vida cotidiana.
Los feligreses llegan a la catedral, en la esquina que forman las calles Melchor Ocampo y Francisco I. Madero. Frente al altar, dos relicarios contienen los restos de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, en 1540, y de San Junípero Serra, fraile franciscano, fundador de misiones en el Alta California y de la Sierra Gorda de Querétaro.
Cuando llegan hasta las reliquias de primer grado las tocan con reverencia, colocan alguna medalla, un rosario u otro artículo religioso en el relicario, pues se cree que con ello se obtiene mayor protección e intercesión de los santos.

Una madre con su hija llegan hasta el altar, donde Rafael Bautista Melendez, custodio del Apostolado Testigos de la Fe, Misioneros del Santo Rosario y Santo Domingo de Guzmán con sede en Guadalajara, Jalisco, les brinda una breve explicación de las reliquias y reza con ellas. Las mujeres se abrazan, cierran los ojos y rezan junto con Rafael. Lo hacen por unos tres minutos. Luego, si así lo quieren, pueden escribir su petición en un trozo de papel y colocarlo en una caja.
Los devotos se acercan solos o en compañía. Lo ideal, dice Rafael, es que lo hagan en familia, para vivir la experiencia juntos en la fe. Una mujer, junto con su hijo, se acerca a las reliquias. En una banca está el papá, quien luego se acerca en compañía de su hijo, quien por segunda vez reza y está cerca de las reliquias.
Antes, una mujer mayor se acerca sola hasta los relicarios. Coloca sus manos juntas, con las palmas hacia arriba. Reza por unos momentos. Son unos minutos donde está en contacto con lo divino, con lo místico. Luego, toca los relicarios y se retira aún rezando.
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Rafael explica que “hemos sido el enlace en los últimos 14 años de este apostolado en Querétaro. El año pasado se realizó una ruta religiosa, que se llamó Ruta de la Esperanza, en colaboración con la Diócesis de Querétaro y el municipio de Querétaro, a través de la Secretaría de Turismo, donde se buscó que llegaran las visitas de reliquias itinerantes a la ciudad. Gracias a Dios, se alcanzaron las más de 75 mil personas (que visitaron las reliquias) en estos casi nueve meses y 550 horas de veneración”.
Para este año, comenta, nuevamente se pudo hacer esta ruta religiosa, Constructores de Paz, con la visita de reliquias itinerantes, no solamente en la ciudad de Querétaro, sino en otros municipios.

Rafael explica que las reliquias de primer grado son aquellas que son una parte física, corporal, de un santo. Puede ser cabello, hueso o sangre. Las de segundo grado, son aquellos objetos que le pertenecieron a un santo. Las reliquias de tercer grado son todos aquellos artículos religiosos, para la veneración personal, que tocan una reliquia de primer grado, o donde están depositados sus restos.
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Explica que la exhibición de las reliquias en el centro de Querétaro es especial, pues “experimenta un fenómeno muy particular, porque cada fin de semana hemos constatado la visita de muchos turistas en diferentes partes de la República. Gracias a Dios en su visita recorren varios templos.
“Buscamos que a través de las redes y medios electrónicos vengan a conocer. Nos hemos dado cuenta de que su visita ha permitido que otras personas vengan, no solamente visitantes, sino también habitantes de la ciudad”, abunda.
Rafael comenta que es importante, en estos tiempos, que la humanidad tenga el mismo lenguaje y que ese lenguaje sea la construcción de la paz.
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Considera interesante, independientemente del credo o creencias, que quienes se unen en oración por una causa o para pedir el fin del sufrimiento de un grupo de personas o la conclusión de un conflicto armado, son personas de buena voluntad y que hoy más que nunca el propósito de todas esas personas religiosas es orar.
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