Cada 2 de noviembre los recuerdos pesan, el amor y cariño se demuestra de diferente manera y con altares y flores de cempasúchil que los mexicanos buscan la oportunidad de poder convivir de nuevo con sus seres queridos que ya se adelantaron. La tradición del Día de Muertos hace que los panteones de Querétaro se llenen de vida, amor, tradición y mucha añoranza.
Aunque no sabemos qué hay después de la muerte, a los mexicanos nos gusta creer que cada 2 de noviembre nuestros seres amados regresan al plano terrenal para convivir nuevamente con nosotros, aunque sea desde otra dimensión o de una forma en que no los podemos ver. Por tradición, los esperamos año con año para recibirlos con ofrendas, flores y recuerdos, y hacemos de la muerte una fiesta.
Todo comienza en el hogar, en ese rincón que cada familia destina para colocar un altar a sus muertos; con comida, fotografías y flores, los vivos esperamos que los muertos puedan regresar a su casa. Pero, de acuerdo a la tradición, esto termina en los panteones, donde la muerte se convierte en vida y la tristeza en la alegría de pensar que, aunque sea una vez al año, vivos y muertos pueden convivir en el mismo lugar.
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Durante casi todo el año, los camposantos se consideran por muchos como lugares tristes, de miedo u olvidados. Sin embargo, en el marco de las fiestas de Día de Muertos, estos sitios se convierten en espacios para recordar, llorar, platicar, comer y hasta cantar.
El 2 de noviembre, Día de Muertos o de los fieles difuntos, comienza antes cuando las personas se preparan para celebrar la muerte. Desde las siete horas, o incluso antes, se puede observar a decenas de comerciantes que llegan temprano a colocar sus espacios para vender a las afueras del panteón municipal Cimatario, uno de los más populares en el municipio de Querétaro.
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Ellos dan la bienvenida a los dolientes ofreciendo diversos artículos que van desde flores de cempasúchil, botes “chileros” o macetas, además de comida, bebidas y todo lo necesario para que las familias puedan adornar la tumbas de sus seres queridos.
Una familia de muchos recuerdos
Isabel Reyes, originaria del municipio de Querétaro, acudió al panteón junto con tres de sus 14 hermanos para convivir con sus padres, Filiberto Rayas y María Carmen Espino, quienes fallecieron hace 18 y tres años, respectivamente.
Explicó a EL UNIVERSAL Querétaro que, durante todo el año, su familia se preocupa de mantener en buenas condiciones la tumba de sus padres y decorada de acuerdo a la temporada, pues afirma que, aunque son una familia grande, sus papás siempre se preocuparon y ocuparon por ser grandes padres y seres humanos, así como en darles un muy buen ejemplo.
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“Ellos están aquí y su recuerdo vive en nuestro corazón, pero su ausencia sigue doliendo mucho. El tener un lugar bonito, llegar, sentarnos y reír, ahorita porque antes no podíamos reír, y comer y estar presentes para nosotros es algo grandioso, ellos viven en nosotros y honramos su memoria siendo buenas personas”, precisó.
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Explicó que llevaron arroz, camotes, mole, ate de membrillo, que eran algunos de sus alimentos favoritos, así como semillas y mango.
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Además, refirió que su familia siempre acude con días de antelación a ver los detalles de mantenimiento que puedan hacer falta en la tumba de sus padres para arreglarlos, y el 2 de noviembre llegan a las 8:00 horas para desayunar y estar con sus padres, se van hasta que cierra el panteón.
El amor y la alegría trasciende aun después de la muerte
Otra familia que acudió este 2 de noviembre fue la de Graciela Carbajal. Su tumba fue adornada de manera especial, con sus flores favoritas e incluso le pusieron la música que disfrutaba cantar y bailar en vida.
Karian, sobrina de Graciela, contó que desde el 1 de noviembre comenzaron con los preparativos para embellecer el sepulcro. Al día siguiente llegaron desde las ocho de la mañana para acompañarla y recordarla en esta fecha tan especial y mística.
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“Ella fue muy buena persona con todos, esto es una muestra del amor que le tenemos y es una manera de agradecer lo que hizo en vida por todos nosotros. Cada que se puede venimos [al panteón], como en Navidad o fechas especiales. A ella le gustaba cantar canciones de Paquita y era muy bailadora y le trajimos su música para que ella la siga disfrutando”, afirmó.
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