No hay prueba más grande para la administración de Donald Trump que las elecciones de hoy. Los resultados de los comicios evidenciarán cuánto margen le queda al mandatario en sus dos últimos años en la Casa Blanca. Hoy gobierna con ventaja, puesto que los republicanos tienen 53 escaños en el Senado frente a 45 demócratas y dos independientes aliados, además de una mayoría estrecha en la Cámara. ¿Qué se prevé como resultado en las urnas y qué impactos tendría para el actual presidente estadounidense?
Las elecciones de mitad de mandato o de mitad de periodo son sumamente relevantes. Además de medir la fuerza política y el liderazgo del gobierno federal en turno, puede generar cambios en el aparato gubernamental que definitivamente condicionan a la administración presidencial. En cuanto a los posibles impactos que habría de estos comicios, uno de ellos es la pausa en la agenda legislativa republicana.
Se prevé una victoria demócrata en la Cámara de Representantes, por lo que perderla significaría el fin de las grandes leyes de Trump con los bloqueos demócratas en los debates de legislación. Así, el presidente seguiría gobernando por órdenes ejecutivas que son muy cuestionables y herramientas frágiles, sujetas a los tribunales y reversibles por quien le suceda. Lo mismo pasaría con el escrutinio. Una mayoría demócrata en la cámara baja tendría las presidencias de comisiones, poder de citación y audiencias sobre las decisiones de la administración. Una avalancha de investigaciones contra el presidente y su entorno se avecinaría, metiendo suma presión en el partido republicano.
Finalmente, el juicio político sería el arma más fuerte de los demócratas en la Cámara de Representantes y con gran facilidad se puede accionar, al poder aprobarlo por mayoría simple. Pero otra cosa es la condena, que depende del Senado y exige dos tercios, números que están fuera del alcance demócrata incluso con una victoria realista de la cámara alta hoy en las urnas.
Precisamente, es el Senado el gran bastión del mandatario republicano. De conservarlo, Trump mantendría lo esencial, como los nombramientos de jueces y funcionarios, así como la protección ante una condena de impeachment. De perderlo, los demócratas aún toparían con el filibusterismo, que generalmente exige 60 votos, pero podrían frenar nominaciones clave y condicionar la política exterior.
Por otro lado, el presupuesto sería terreno de negociación. Sin la Cámara de Representantes, cada ley de gasto y cada decisión sobre la deuda exigirían acuerdos con la oposición, con riesgo de cierres de gobierno en los que un presidente sin mayoría propia tiene menos cartas para utilizar. Si los republicanos resisten, Trump tendría un camino más claro hacia sus prioridades legislativas restantes, aunque con mayorías estrechas y tensiones internas que quizá no serían tan exitosas como antes.
Los republicanos sostienen que las encuestas ya subestimaron antes a su base, que su ventaja en el Senado es real y que un Congreso opositor obstaculizaría un programa elegido en 2024. Los demócratas replican que esas ventajas dependen de un mapa favorable a sus rivales y que una victoria, aun estrecha, sería señal de desgaste del oficialismo. La moneda está en el aire y sólo hoy podremos saber hacia dónde el electorado estadounidense voltea para su futuro político.
Niels Rosas Valdez
Historiador e internacionalista
@NielsRosasV (X)























