Santiago Nieto Castillo representa una paradoja electoral. Es uno de los perfiles de Morena mejor posicionados para encabezar la defensa de la 4T en Querétaro, en una contienda que podría ser reñida, pero su eventual triunfo tampoco resultaría necesariamente incómodo para las élites panistas.

Su fuerza política es evidente. Cuenta con una trayectoria nacional ampliamente conocida, experiencia en instituciones federales, exposición mediática y relaciones políticas y familiares que rebasan la militancia de Morena. Eso juega a su favor y en su contra.

Su historia también lo vuelve previsible: los adversarios ya conocen sus flancos, sus controversias y hasta sus códigos de negociación. Hace unos días, el gobernador Mauricio Kuri reconoció que ha convivido con Nieto y que fue invitado a su boda en Guatemala, la misma que antecedió su salida del gobierno de López Obrador.

También son conocidos sus negativos electorales. Se explotaría su segunda boda, la ruptura con el peñanietismo y el brinco hacia el obradorismo, además de la cuestionada queretaneidad que ya se discutió en tribunales durante el proceso pasado. Más que un político surgido de las bases proviene de la élite burocrática, con poco arraigo hasta ahora en el movimiento territorial, factor que le pesó en la elección al Senado.

La pertenencia a los mismos circuitos institucionales y a la misma élite queretana define esta relación, más allá de un pacto explícito. En esos circuitos compiten proyectos, pero también se negocia. Para ese grupo, la llegada de un color distinto no representaría un riesgo mayor. Conocen sus códigos y sus canales, lo que volvería la transición menos incierta que enfrentar a un adversario dispuesto a romper con esa élite.

La alternancia en Querétaro sólo se ha dado dentro de la élite. Cuando el PRI perdió en 1997 frente al panista Ignacio Loyola Vera, éste pertenecía a la misma élite económica y familiar de Querétaro.

Santiago Nieto podría disputar la gubernatura, pero un triunfo suyo no representaría una ruptura con las élites que han sostenido el poder queretano durante décadas. Para Morena, la pregunta relevante ya no es únicamente quién encabeza las encuestas. También importa qué tipo de alternancia está dispuesto a ofrecer el partido.

Pero no adelantemos vísperas. Antes de llegar a esa elección, Santiago Nieto deberá superar otro filtro, el de la interna de Morena. Falta saber hasta dónde la militancia más dura del partido está dispuesta a cerrar filas con él y cuánto pesan todavía, dentro del movimiento, las circunstancias en que terminó su etapa al frente de la UIF durante el gobierno de López Obrador. Tener condiciones para competir por Querétaro no garantiza que Morena le entregue la candidatura.

Periodista y sociólogo. @viloja

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