El país entró en temporada de posicionamiento rumbo al 2027 mucho antes de que arranque el calendario. Vale la pena recordar una lección incómoda: el prestigio de una ciudad no se renta en una lona, se gana con resultados.
Aunque las precampañas no comienzan formalmente sino hasta la primera semana de enero de 2027, cualquiera que maneje por una avenida o abra sus redes sociales sabe que la temporada ya empezó. Espectaculares, bardas, lonas y una creatividad notable para inventar figuras, coordinadores territoriales, defensores de una causa o de otra, llenan el paisaje con nombres que buscan volverse familiares antes de tiempo. Las autoridades electorales ya acumulan cientos de quejas por promoción anticipada. No lo escribo para señalar a nadie en particular, porque el fenómeno cruza a todos los colores por igual. Lo escribo porque detrás de ese ruido hay una pregunta que casi nadie se hace en voz alta: qué es, en realidad, posicionarse.
Hay dos maneras de responderla, y no son equivalentes. Una consiste en ocupar el mayor espacio visible posible, comprar la avenida, saturar la pantalla, repetir un nombre hasta que suene conocido. Es rápida, es cara y es frágil, porque lo que se instala con dinero se desvanece cuando el dinero se acaba. La otra manera es más lenta y más difícil: volverse indispensable por lo que uno hace, no por lo que uno anuncia. El espectacular se renta por mes. El resultado se queda. Y a la larga, el único posicionamiento que nadie puede quitarte es el que construiste con hechos.
Querétaro ofrece esta semana el mejor ejemplo de esa segunda vía, y conviene decirlo con orgullo y sin exagerar. En el Índice de Competitividad Urbana 2026 del IMCO, nuestra zona metropolitana pasó del sexto al primer lugar nacional, por encima de Guadalajara, Monterrey, Nuevo León y la Ciudad de México. Nuestras dos mayores fortalezas, según el propio instituto, son Innovación y Economía y Sistema Político y Gobiernos. Detrás de esas categorías hay realidades que se sienten en la vida diaria: un ingreso promedio cercano a los catorce mil pesos mensuales para el trabajo de tiempo completo, una de las productividades por hora más altas del país y una informalidad muy por debajo de la media nacional. Ese primer lugar no se compró en ninguna lona. Se construyó, un año a la vez, con buenos gobiernos que trabajaron juntos y con una ciudad que decidió tomarse en serio a sí misma.
Y conviene ser claro sobre de dónde viene esa ventaja, porque no es un accidente ni un regalo de la geografía. Querétaro no es más grande ni más rico en recursos que otras ciudades que hoy quedaron por debajo. Lo que nos distingue es una apuesta sostenida por la innovación: por atraer talento y formarlo, por acompañar a la industria que llega y a la que nace aquí, y por un sector público que entiende que la tecnología no es un adorno sino una manera de servir mejor y con menos pretextos. Querétaro no florece por suerte. Florece por decisión, y esa decisión tiene nombre: innovación y tecnología puestas al servicio de la gente.
De ahí una convicción que quiero dejar por escrito, justo ahora que empieza la temporada del ruido. La competencia que le conviene a esta ciudad, y al país, no es la de ver quién se anuncia más, sino la de ver quién resuelve mejor. Ojalá el pulso de los próximos meses se midiera en obras terminadas, trámites simplificados, empleos de mayor valor y servicios que de verdad funcionan, y no en metros cuadrados de publicidad. Porque una ciudad no se posiciona con un espectacular, se posiciona con una escuela conectada, una calle iluminada, un parque industrial que genera empleo digno y un gobierno que rinde cuentas de lo que hace. La mejor campaña, la única que dura, es una ciudad que funciona.
Esto no es ingenuidad. La política necesita comunicar, y comunicar bien es parte del oficio. Pero hay una diferencia entre comunicar lo que se hizo y aparentar lo que no se ha hecho. La tecnología y la innovación pertenecen al primer grupo: son de las pocas cosas en la vida pública que no se pueden simular, porque o el trámite se resolvió o no se resolvió, o el dato es abierto o no lo es, o la inversión llegó o no llegó. Ese carácter verificable es, precisamente, lo que las vuelve la mejor bandera posible para quien de verdad quiera servir. No hay filtro de red social que sustituya a una ciudad que cumple.
Vuelvo al espectacular del principio. Dentro de unos meses, cuando la temporada avance, esas lonas se van a multiplicar y después, cuando termine, se van a bajar. Lo que quedará en pie no será el anuncio, sino la ciudad. Querétaro no encabeza el país por lo que dice de sí mismo en una pantalla, sino por lo que sus habitantes viven en su calle todos los días. Esa es la única forma de posicionamiento que ninguna elección otorga y ninguna derrota arrebata: la que no cabe en un espectacular.
























