Durante años, millones de mexicanos esperaron que apareciera una nueva gran figura capaz de cambiar el destino de la Selección. Javier Aguirre hizo exactamente lo contrario: primero construyó un equipo.

Orden, disciplina, una defensa que no ha recibido un solo gol en cuatro partidos, un sistema de juego reconocible y futbolistas convencidos de una idea. Entonces apareció Gilberto Mora, un muchacho de apenas 17 años que hoy ilusiona a todo un país.

No nació primero la estrella. Primero nació el equipo.

La política mexicana parece empeñada en hacer exactamente lo contrario.

Mientras Morena enfrenta el mayor desgaste político desde su llegada al poder —golpeado por escándalos de corrupción, señalamientos contra algunos dirigentes y el desgaste propio de gobernar—, la oposición continúa obsesionada con encontrar al candidato milagroso, como si un solo nombre pudiera corregir años de desorganización, divisiones y ausencia de estrategia.

Los datos demuestran que Morena ya no es invencible.

En las elecciones municipales más recientes perdió casi la mitad de los ayuntamientos que había ganado anteriormente. En Veracruz pasó de gobernar 103 municipios a 60; perdió 43 alcaldías, equivalentes al 42% de su fuerza municipal. En Durango también retrocedió frente a la oposición. En Coahuila perdió los 16 distritos locales, pese al despliegue de toda su estructura política.

Sin embargo, la oposición sigue sin convertir ese desgaste en una alternativa competitiva.

¿Por qué?

Porque continúa buscando primero al “Morita” de la política, cuando todavía no construye la Selección.

No existe una estrategia nacional, una organización sólida ni un proyecto que despierte entusiasmo entre millones de mexicanos que buscan una alternativa.

La oposición ha fracasado una y otra vez en construir un proyecto que ilusione. Hoy, incluso, la soberbia de algunos sectores del PAN parece cerrar la puerta a una alianza para 2027. La pregunta no es quién será el candidato. La verdadera pregunta es si sus dirigentes tendrán la humildad política para formar primero el equipo. Porque sólo entonces aparecerá ese “Morita” capaz de convencer a millones de mexicanos de que sí es posible derrotar al oficialismo.

Gilberto Mora no cambió solo a la Selección Mexicana. Fue posible porque encontró un equipo sólido, un entrenador con rumbo y compañeros capaces de potenciar su talento.

En política ocurre exactamente igual. Los grandes liderazgos rara vez nacen en el vacío.

Primero el equipo.

Después el capitán.

Y sólo entonces aparece el “Morita” que hace creer a millones que sí se puede ganar.

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