Después de varios meses de estar en el ojo del huracán, el Instituto Nacional Electoral (INE) ahora tiene una nueva presidencia. Guadalupe Taddei es la cabeza de este importantísimo organismo autónomo para México y nuestra democracia. No obstante, aún falta conocer las incorporaciones faltantes del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). ¿Qué impacto tiene esto para el país?
Desde el inicio de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, sus ataques contra el INE aumentaron. Su intención era mermar la imagen del organismo autónomo ante sus acérrimos seguidores y la población mexicana. Una de las razones por las que se comportó de esa manera puede ser por represalia ante el fantasma, ya superado por muchos, del presunto fraude electoral de 2006, en las elecciones presidenciales.
Han pasado casi 17 años de ese momento y aún no se ha podido comprobar nada, por lo que el fraude sólo se ha quedado en ese imaginario de los obradoristas y en la narrativa del mandatario. Según sus premisas, fue el INE el que le arrebató la victoria en 2006 ante la “Mafia del Poder”, pero, siguiendo esa lógica, también fue quien se la otorgó en 2018 ante ese mismo grupo político. Entonces, ¿por qué atacar al Instituto?
Las entidades que regulan al Estado siempre serán incómodas para el poder, en este caso para el gobierno de López Obrador. Para la población, estas instituciones y organismos autónomos realizan una labor trascendental, pero para los ojos del poder, limitan las acciones y decisiones de los gobernantes. Por ello, para el Presidente era importante intentar modificar e influir en la operación de estos espacios.
Lo intentó con el INE, aunque su “Plan A” no funcionó. Sin embargo, el cambio en la presidencia del organismo le ha servido para intentar influir en él, por lo que Taddei tendrá una importante responsabilidad de mantenerse al margen del partido político oficialista. En paralelo, el esquema del INAI también preocupa, puesto que aún no se han nombrado a los comisionados de este instituto, por lo que entorpece en gran medida su toma de decisiones y operación, en la que destaca la revisión de solicitudes de acceso a la información por parte de los ciudadanos, que es su principal labor como entidad.
El INAI es también una entidad incómoda para el poder, pero relevante para la población para conocer las operaciones de sus gobiernos. Basta recordar que, a raíz de la información entregada por el instituto, se pudieron alimentar investigaciones periodísticas que desembocaron en el conocimiento de “la Casa Blanca” y “la Estafa Maestra” en pasadas administraciones, así como “la Casa Gris” y el escándalo de Segalmex en la actual.
Las dos primeras investigaciones, en gran medida, permitieron cambiar la opinión pública en torno a los partidos políticos en el poder, mejorando la posición de Morena de cara a los comicios de 2018. Ahora con los casos reportados de severa corrupción, naturalmente no está en el interés del partido oficialista permitir que opere el INAI de forma adecuada, ya que habría posibilidad de que se pudiera conocer más de los malos manejos de la actual administración federal. Recordemos que un verdadero demócrata abogaría por ello y no por su partido o ideales políticos.
























