El lunes nos recibió con una noticia triste: el incendio de una estación migratoria del Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez, en el que fallecieron y sufrieron heridas graves decenas de migrantes. El lamentable suceso toca las fibras sensibles en México y nos hace preguntarnos qué tan exitosa ha sido la política migratoria de la actual administración federal y qué tanto la realidad ha sido como lo aseguró que sería el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Según los reportes, los migrantes que fueron recluidos en las celdas de la estación migratoria del INM en Juárez habían sido detenidos por mendigar dinero, limpiar vidrios en semáforos y por vender artesanías o dulces. De las víctimas del incendio, varios migrantes no tenían manera de validar su situación migratoria regular, pero otros, a pesar de haberlo hecho, fueron capturados y quedaron luego atrapados en las llamas de aquel lunes por la noche.

Un video de la estación migratoria del INM muestra una estancia con tres agentes quienes, al percibir llamas en una de las celdas, se marcharon de la escena. Según lo que se sabe, el fuego fue provocado por los migrantes para llamar la atención; sin embargo, ningún agente de migración o guardia de seguridad se acercó a las celdas para ayudar a las personas ahí recluidas, vaya, ni siquiera para aventarles las llaves para que, por su propia cuenta, pudiesen salir del inmueble.

¿Por qué pasó esto? ¿Qué dio pie a esta tragedia? Puede haber muchos factores. Uno es la negligencia de las autoridades migratorias y de los servicios de seguridad, contratados por outsourcing que, se supone, ya no iba a ser permitido por el gobierno. Pero un segundo es, no la narrativa, sino las acciones que se ejecutan de la política migratoria, que es una facultad y responsabilidad federal.

A días de tomar posesión como Presidente de la República, López Obrador comunicó a los migrantes latinoamericanos que México les abriría las puertas para venir y trabajar. Con un mensaje de esa naturaleza humanística, de atenciones cómodas y condiciones de protección para las personas migrantes, era fácil pensar que  éstas llegarían al territorio mexicano para laborar o descansar antes de continuar con su viaje más al norte.

Pero nada fue más alejado de la realidad. Cuando llegaron las caravanas migrantes al sur de México, la orden emitida desde Palacio Nacional fue detenerlas e impedirles el paso con elementos de la Guardia Nacional, quienes causaron violaciones a los derechos humanos que fueron registradas por periodistas, activistas y organizaciones de la sociedad civil. La política migratoria de dos caras del gobierno federal, con una acción diferente a la narrativa difundida por el mandatario, ha llevado a los migrantes a tomar decisiones y vías más riesgosas para continuar con su viaje, encaminándoles a tragedias individuales y colectivas.

Por ello, es simple, cuando no se toma con seriedad las cosas que son serias y que demandan un grado considerable de compromiso y responsabilidad, como lo es gobernar, los problemas pueden generarse y, de no atenderse con propiedad, devenir en tragedias. Hay que decirlo: lo que sucedió en la estación migratoria del INM en Juárez es un crimen de Estado, así como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014 y el incendio de la guardería ABC en 2009. Qué pena que los críticos de antes no sean los críticos de ahora.

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