Muchas veces he pensado en lo difícil que es ser hoy en día un artista plástico con gran distinción mundial. Trabajar durante ocho horas diarias no garantiza nada, pero si lo haces por 70 años de manera constante, es algo que Fernando Botero ha hecho posible.

Su gusto por el arte comienza desde los 14 años, es conocido por ser pintor, dibujante y escultor, quien renueva las estéticas del cuerpo a través de siluetas de trazos “gordos”, muy propias del barroco. Se define diciendo que “él no pinta gordas, él pinta la sensualidad y volumen”.  Este 19 de abril cumple 91 años de ser un artista mundialmente conocido en vida.

Es un hombre que enamora al mundo con su sello personal inconfundible, por sus formas y el volumen, inspirado en sus inicios por artistas como Giotto, Masaccio, Piero della Francesca, Miguel Ángel y de Diego de Velázquez, con su obra

Las Meninas.

Otras fuentes de inspiración que se ven reflejadas en sus cuadros son, sin duda, la gente, la naturaleza y los colores de su país, Colombia.

Ese sello tan característico, es el resultado de sus estudios realizados en la Academia San Fernando, en España, en conjunto a sus visitas a la CDMX, Francia, Nueva York, Mónaco e Italia —este último su lugar de residencia en Pietrasanta—, quien sigue perfeccionando  día a día su técnica (actualmente ha comenzado a pintar en acuarela), y quien siempre ha demostrado su gusto por la figura humana, reflejando el gusto por el colorismo de Rufino Tamayo, el arte precolombino y la artesanía popular de México, logrando con ello que su obra pueda ser exhibida en todas partes del mundo y que sea un artista orgullo de América Latina.

En sus inicios realizó posters relacionados con la fiesta brava, al ser un amante de la tauromaquia.

En 1963 exhibe su versión de la Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci, la cual se distinguió por aumentar sus proporciones originales a las que ya conocemos de Leonardo, este trabajo lo hace a manera de homenaje al artista renacentista, con ojos grandes y flequillo, listón amarillo y vestido de colores, con un fondo casi abstracto, tridimensional.

La manera de pintar de Botero puede o no gustarte, pero lo cierto es que es un artista mundialmente reconocido por su forma de hacerlo y eso marca la diferencia entre los demás. Crea mundos plácidos donde viven los personajes retratados, juega con la perspectiva y sus personajes esféricos, elegantes y juguetones, que cuentan una historia Boterista.

La Plaza Botero, ubicada en el centro de Medellín, cuenta con una colección de 23 esculturas monumentales y no sólo eso, también realizó una donación al museo de Bogotá, siendo un total de 123 obras. La obra más cara de Botero tiene un valor de 18 millones de dólares.

Ha pintado temas de Medellín, Colombia, lo mismo que la situación de los presos en cárcel en Irak, naturaleza muerta, cuadros de toros, copias de cartelistas españoles, sin duda un artista completo con una versión fresca y con un don especial en la manera de retratar a través de su propio sello personal.

El año pasado fue vandalizado el famoso Gato de Botero, obra esculpida en 1990, localizada en la Rambla del Raval, Barcelona, España.

La última vez que vino a México fue por una exposición en 2012 en el Palacio de Bellas Artes, aunque también se puede ver su obra en el museo Rufino Tamayo, junto con otros artistas, ojalá pronto viéramos algo de él aquí en nuestro estado.

Twitter: @nayelirosasb

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