La manipulación de programas sociales ha sido constante en distintos gobiernos, particularmente en el lopezobradorista, que los usa para su clientelismo político e influencia electoral. Así, inicia con ventaja cualquier contienda, pasando por encima de los intentos de blindaje institucional democrático.
Con “la sartén por el mango y el mango también”, desde sus posiciones en el Instituto Nacional Electoral-con la funcional Guadalupe Taddei-, pasando por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación -y el cuestionable bloque pro morenista-; ambas instituciones dominadas por oficialistas que han dañado la justicia electoral. Habría que sumar el impúdico uso de recursos públicos y el trabajo de otros operadores, como miles de “Servidores de la Nación” (de Morena, más bien, como empleados de la Secretaría del Bienestar), además de la intervención propagandística presidencial, y demás artimañas antidemocráticas.
Ante la utilización electorera de la política social, destaca la iniciativa (de la Neutralidad Política de los Programas Sociales) por parte de dos senadores de distintos partidos, Luis Donaldo Colosio Riojas (Movimiento Ciudadano), y Luis Armando Melgar (PVEM). De acuerdo a Colosio, se trata de que “ningún programa social pueda ser utilizado como un instrumento de campaña o en beneficio de ningún partido (…) que el padrón de beneficiarios no sea una lista de clientela; que los colores, los eslóganes, las imágenes de los apoyos sociales no puedan ser los de un partido ni que beneficien a tal o cual candidato. Pero, lo más importante: que quien viole estas reglas enfrente consecuencias reales (…) cuando alguien utiliza los programas sociales para condicionar el voto, lo que está cometiendo es lisa y llanamente una extorsión electoral, pues le está diciendo a esa persona -en situación de vulnerabilidad-, que tu apoyo depende de cómo votes y eso convierte un derecho humano en clientelismo (…) el derecho al libre voto no puede coexistir con el derecho a perder una pensión, con el miedo a perder una beca, con el miedo a perder un apoyo”.
Conforme a Melgar, se trata de “ponerle candados y controles al uso de los apoyos sociales”; queremos que MORENA deje de ponerles sus colores y sus logos; que deje de usarlos como su patrimonio político; que no use el padrón electoral para su propio beneficio -pues así lo hace-; y los programas no son de MORENA, son de todos los mexicanos. Y, según explicó: aunque el Verde y PT vayan con MORENA en las próximas elecciones, hay que ser cuidadosos porque “el tema del narco y los narcos políticos en este país son una realidad, y tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata”. Y, así es.
La maquinaria electoral del oficialismo populista funciona en torno al mantenimiento y concentración del poder, e incluye el chantaje electoral con programas sociales, por lo que -independientemente de las posibilidades de aprobación de la iniciativa citada-, hay que defender la democracia y la legalidad ante el autoritarismo morenista.
























