La presión que sufren las nuevas marcas que deciden crecer bajo el modelo de la franquicia para conseguir inversionistas rápidamente, sin duda, da lugar a errores graves. De hecho, se ha convertido en un verdadero problema sobre ellas el lograr generar suficientes ingresos vía regalías y así financiar otros mecanismos.

Las franquicias, hay que decirlo, acuerdan con inversionistas débiles y sin experiencia, “simplemente porque tienen algo de dinero y una disposición temeraria a invertir en un concepto no probado a base incluso, de endeudarse”. Expertos en el giro principal, el de alimentos y bebidas, de plano aseguran que muchos dueños de marcas estarían mejor si no franquiciaran hasta tener más locales con gestión propia, y así ser más pacientes y selectivos. O quizá, simplemente, no meterse en el negocio de las franquicias.

Para muchas marcas de restaurantes, la franquicia es una palanca de crecimiento inicial. Otras, las menos, es un logro alcanzado a lo largo de décadas, pero queda claro que antes de lanzar oficialmente su plan de franquicias hay que construir, perfeccionar y poner a prueba sucursales propias.

Este enfoque meticuloso, centrado en el operador, se ha convertido en la base de un sistema de franquicias diseñado no solo para la expansión, sino para el éxito a largo plazo de cada establecimiento.

Claro, hay que perfeccionar todo, desde el flujo de trabajo en la cocina y los modelos de personal hasta la ejecución del menú y la experiencia del cliente. “Muchas marcas se apresuran a adoptar el modelo de franquicias como una forma de impulsar el crecimiento”. Tras décadas operando unidades propias, expertos aseguran que se logra descifrar el código operativo y, entonces sí, invitar a inversionistas a unirse al sistema.

¿Qué se recomienda entonces? Construir un sistema listo para franquicias desde adentro hacia afuera. Algo de lo que carecen muchas marcas de modelos emergentes es un profundo conocimiento de su consumidor y de las realidades operativas del mercado al que apuestan. Y que conste, “no hay margen de error después de la apertura: hay que estar listo desde el primer día”.

Eso significa invertir en personal, capacitación y apoyo para garantizar que, desde la primera hora, los clientes tengan una experiencia excelente. Y en estos tiempos de presencia digital, “incluso antes de las inauguraciones, empezar con muchas publicaciones en las redes sociales”. Crear una comunidad fiel.

Para los franquiciatarios o inversionistas, esto significa integrarse a un sistema diseñado para prepararlos desde el principio. La incorporación, la capacitación y el apoyo están pensados ​​para ayudar a que sus nuevas sucursales abran con éxito y mantengan un buen desempeño a lo largo del tiempo.

Un enfoque más disciplinado para las franquicias

El enfoque es claro: lograr un sistema diseñado para la estabilidad a largo plazo, en lugar de acuerdos precipitados. “No se trata de cuántos acuerdos podamos firmar”. Se trata de encontrar a los inversionistas adecuados, “no vender; es como unirse a un club muy exclusivo”.

Hay que reconocer que entrar en el sistema de franquicias desde una posición de fortaleza, en un giro de comida tan competido, es una base poco común, que no terminan por entender las propias marcas que le componen.

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