En teoría, quien inicia una guerra calcula previamente el tiempo que tomará, los objetivos, los medios a emplear, calcula la fuerza opositora y los costos de su acción. En teoría.

En nuestros días, existen 2 grandes conflictos que no precisamente desmienten lo anterior, sino que muestran lo mal que estuvieron planeados los conflictos. Desde luego, la invasión a Ucrania de Rusia es uno de ellos y la guerra en Medio Oriente es el otro.

Lo que queda evidente con estos dos ejemplos es que las enormes maquinarias de guerra de las superpotencias ya no son garantía de una guerra rápida, devastadora y con un mínimo de pérdidas. Los países pequeños, como los casos de Ucrania e Irán han desarrollado no solamente una capacidad de resiliencia, sino una serie de armas nuevas que sus adversarios han sido incapaces de eludir, de tal manera que, lejos de ver un término a la invasión rusa a Ucrania, ya se dieron en distintos momentos bombardeos a la mismísima capital rusa, Moscú, por parte de drones y misiles ucranianos que tuvieron que ser inventados y fabricados sobre la marcha.

De igual forma, a pesar de los aparentemente devastadores bombardeos israelí y norteamericano a objetivos en Irán, éste país no sólo mantiene su capacidad nuclear hasta el punto en que la tenía antes de los ataques, sino que ha podido desplegar misiles de mediano rango que han impactado en varias ciudades de Israel, causando bajas que no se habían visto anteriormente. Además, y esto es clave, los Estados Unidos han decretado una tregua para llevar a cabo negociaciones con la mediación de Pakistán, y no se ve claro en el momento de escribir estas líneas si estará dispuesto a continuar los ataques o el cálculo de los costos geopolíticos ha mostrado que son ya demasiado elevados.

Desde luego, existen una serie de imponderables en todo proceso de planificación de cualquier acción militar, por ejemplo, no había forma de calcular que uno de los principales aliados de Vladimir Putin iba a perder las elecciones en Hungría, lo que facilitará no sólo préstamos sino el suministro de más material militar a los ucranianos.

De la misma manera, no hay forma de calcular con algo de precisión los efectos globales de la guerra en Medio Oriente en términos de una explosión de precios de gas y petróleo.

Es muy probable que el Primer Ministro israelí haya lanzado el ataque contra Irán contando con el apoyo incondicional de Estados Unidos pretendidamente hasta el final, pero ahora se percibe que este último país trata de hacer todo lo posible por no continuar y retirarse de la mejor manera posible. Esto dejaría a Israel en una situación de considerable vulnerabilidad frente a los iraníes y sus grupos marionetas, como los hutíes en Yemen y Hezbolá en Líbano.

En el mundo existen muchos conflictos, potenciales y actuales. No debieran gobernar tontos, demagogos ni incompetentes, pero la realidad es muy distinta.

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