Se acerca el día de la Madre. Lo sé porque ya comenzó el bombardeo de clichés para "hacer sonreír a mamá". Esa celebración se ha convertido en la Navidad en primavera de los mercadólogos que explotan nuestra nostalgia, recuerdos, culpas y "amor", especialmente de esposos e hijos, para vender productos que la gran mayoría de las mujeres no necesitamos o simplemente no queremos.
Por décadas, la fecha también se ha explotado con fines políticos. Secretarios de estado, gobernadores, senadores y diputados la aprovechan para promover su imagen y expectorar frases huecas como "El amor de una madre, es el impulso que le permite a un ser humano llegar a lo imposible", "son la fuerza que une a nuestras familias y el ejemplo para la construcción de una mejor sociedad" o "son la base del desarrollo del país". Sin embargo, en sus planes de desarrollo, políticas públicas y legislaciones, todos ellos omiten incluir acciones contundentes para terminar con la desigualdad y la pobreza, promover la corresponsabilidad familiar o erradicar la violencia familiar y de pareja.
El Día de la Madre, que se conmemora en la mayoría de los países del mundo, remonta sus orígenes al activismo feminista de finales del siglo XIX y principios del XX que promovía el reconocimiento de la contribución social y económica de las mujeres.
La primera celebración se atribuye a la feminista norteamericana Anna Jarvis, quien en una ceremonia el 12 de mayo de 1907, reconoció la labor de su madre en la promoción de la salud y organización social de las mujeres. Poco después, en 1914, como una forma de contrarrestar las exigencias feministas de emancipación de las mujeres, el presidente Wilson lo declaró como fiesta nacional en Estados Unidos, para celebrar la domesticidad, sacrificio y entrega de las mujeres.
Así, el 10 de Mayo de 1922, Rafael Alducin, director del periódico Excélsior, en respuesta a la "campaña criminal en contra de la maternidad" enarbolada por las feministas yucatecas, y con apoyo del gobierno federal y el Episcopado (por ser el mes de la Virgen María), logra que se celebre, por primera vez en nuestro país, lo que se convertiría en una de las fiestas más importantes para las familias mexicanas.
¿Qué pasaría si este años nos alejamos de comprar tarjetas simplonas, flores carísimas y freidoras de aire y aprendemos lo que implica ser madre en el México del Siglo XXI? Por eso, en reconocimiento a las mujeres que hoy son madres, ya sea por elección o por imposición, dedicaré el siguiente mes a compartir con Ustedes la realidad de las madres mexicanas. Desde las que han tenido la fortuna de vivir la maternidad como una elección libre, hasta las que buscan a sus hijas e hijos en fosas clandestinas. Visitaré las estadísticas, los usos y costumbres, los mitos que giran alrededor de la maternidad y las nuevas formas de controlar y explotar los cuerpos de las mujeres con las denominadas "maternidades subrogadas".
Espero me acompañen en este viaje.
Titular de Aliadas Incidencia
Estratégica e integrante de la
Red Nacional de Alertistas.
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