La juventud tiene un recurso que pocas veces aparece en los estados de cuenta: el tiempo. Tiempo para aprender, equivocarse, corregir y construir hábitos que pueden marcar una diferencia en nuestra vida financiera.

En estos días participé en la Semana Nacional de Educación Financiera (SNEF) 2026, que organiza la Condusef, una iniciativa que busca acercar conocimientos y herramientas a la población para tomar decisiones informadas sobre el manejo de su dinero, y fortalecer su bienestar financiero.

Me tocó conversar con jóvenes universitarios sobre la importancia de la salud financiera. Y en esta reflexión se evidenció que no necesitamos esperar a tener un empleo estable, ganar mucho dinero o enfrentar una deuda para comenzar a administrar mejor nuestros recursos.

Y es que la educación financiera suele asociarse, equivocadamente, con la vida adulta, cuando aparecen los préstamos, la renta o las responsabilidades familiares. Sin embargo, muchas de las decisiones que tomamos en esa etapa están relacionadas con hábitos que desarrollamos años atrás.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023 del INEGI y la Condusef, el 71.5% de los adultos en México experimenta estrés financiero moderado o alto. Una realidad no grata que invita a reflexionar sobre la importancia de aprender a manejar el dinero antes de que las preocupaciones económicas se vuelvan parte de nuestra rutina.

No se trata de renunciar al café, las salidas con amigos o los gustos personales (la juventud también es una etapa para disfrutar), el punto es reconocer cuánto destinamos a esos consumos y qué otras oportunidades podríamos construir con una parte de ese dinero.

Ahorrar desde jóvenes no significa necesariamente acumular grandes cantidades. Se puede comenzar con una cifra pequeña y un propósito concreto, como pagar un curso, viajar o, emprender algo que empiece a generar dinero. Lo importante es desarrollar el hábito, y la capacidad de planear y sostener decisiones en el tiempo.

Para ello, conviene hacer un diagnóstico financiero, que permita saber cuánto dinero recibimos (ingreso), cuánto gastamos, qué compromisos tenemos y cuáles son nuestras prioridades.

La ventaja de empezar temprano tampoco significa que podamos evitar todos los errores o dificultades económicas. Pero aprender a distinguir entre deseos y necesidades, comprender el costo del crédito y establecer metas puede ayudarnos a tomar decisiones con mayor autonomía.

Quizá uno de los mayores privilegios de la juventud sea contar con tiempo para construir una relación más consciente con el dinero, antes de que las deudas, las obligaciones y las preocupaciones financieras condicionen nuestras opciones.

Los adultos coincidirán conmigo, ¿cuántas cosas haríamos diferente si pudiéramos regresar el tiempo con lo que hoy sabemos sobre el dinero?

Tal vez ahorraríamos antes o pensaríamos dos veces algunas deudas. Los jóvenes tienen hoy esa oportunidad que muchos adultos quisiéramos recuperar, y hoy pueden empezar a construir su tranquilidad financiera cuando todavía tienen tantos años por delante. Diría la frase “Juventud, divino tesoro”, pero el tesoro no está únicamente en los años que tenemos por delante, sino en lo que decidimos hacer con ellos.

@finanzasentacon

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