La obsesión de ganar las elecciones presidenciales —e intermedias y gubernaturas— llevó al expresidente López Obrador y a su movimiento, Morena, a pactar con todo aquel que pudiese contribuir a la victoria. A todos les prometió lo que le pidieron, sin importar si las peticiones eran éticas o no, ni cuál era el costo económico, ambiental y en vidas que esto tuviese para el pueblo de México.
Se dice que lo mismo pactó con Peña Nieto para restringir su apoyo al PRI y para denostar al candidato del PAN en las elecciones de 2018, todo a cambio de impunidad.
Observo que la evidencia del pacto del morenismo con el crimen organizado es abrumadora (inclusive morenistas de primer nivel así lo han manifestado).
Si bien es cierto que antes del obradorato, y durante décadas, algunos gobernantes recibieron “portafolios de dinero” de parte del narco para “dejarlos pasar sus drogas por el territorio nacional” o bien a cambio de información sobre operativos y presencia policial y militar, un ejemplo de esto es el caso de García Luna (acusado y sentenciado en EU básicamente por dichos de narcotraficantes que, por cierto, señalaron lo mismo de López Obrador).
Posteriormente, y para desgracia de México, observo que el morenismo llevó la relación con el narco a niveles superiores e inimaginables.
Se afirma que en un primer momento el obradorato recibió dinero del crimen organizado para sus campañas electorales.
En un segundo momento, y para “garantizar” la victoria electoral, pareciera que el pacto creció e incluyó no solo la aportación de dinero en efectivo, sino también la coacción del voto en favor de los candidatos de Morena. A cambio, los ya gobernantes morenistas entregarían, por ejemplo, nombramientos de policías, la construcción de obras públicas, el suministro de bienes y, lo más importante, impunidad total ante la comisión de delitos (extorsión, secuestro, etc.). Un ejemplo de ello está en el caso Rocha Moya y también, como nos lo explica Héctor De Mauleón, en la impunidad con la que se conduce el cartel de Los Ardillos en el estado de Guerrero (se dice que Celso, líder de Los Ardillos, tiene un video que muestra a López Obrador pactando con él, video que lo hace intocable para Morena).
En un tercer momento, pareciera que la relación evolucionó nuevamente y fueron los morenistas quienes fundaron y dirigieron a organizaciones criminales. El grupo criminal de “La Barredora” de Tabasco es un claro ejemplo.
El pacto con agrupaciones como la CNTE me parece innegable. En su momento, y de manera por demás irresponsable, AMLO, con tal de contar con los votos y la promoción electoral —léase coacción del voto— de la CNTE, se comprometió a derogar la nueva ley de pensiones sabiendo que, si lo hacía, el país no podría pagarlas.
En suma, los pactos del morenismo nos han resultado carísimos, en dinero, daño ambiental y vidas. Lo peor es que los seguiremos pagando en tanto la presidenta Sheinbaum no se decida a romperlos.
Exsenador. @gtamborrelmx
























