Por los corrillos taurinos vuelve a sonar un nombre que durante años ha formado parte de la historia de Querétaro: la Plaza de Toros Santa María.

Y esta vez el rumor viene acompañado de una versión que, de confirmarse, sería un auténtico petardo para la afición: la plaza podría estar en negociaciones para ser vendida y posteriormente demolida para dar paso a un nuevo proyecto comercial.

No hay, hasta ahora, confirmación pública de que la operación esté cerrada. Pero el simple hecho de que nuevamente se hable de su venta vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda:

¿Quién dejó morir a la Santa María?

Porque si algo resulta difícil de discutir es el estado en el que se encuentra actualmente.

La plaza lleva años cargando con el abandono. El mantenimiento brilló por su ausencia y el deterioro comenzó a ganar terreno. Algunas zonas presentan daños evidentes y lo que alguna vez fue un escenario emblemático de la fiesta brava queretana hoy parece esperar, resignado, el destino que otros decidan para él.

Y aquí está la paradoja.

Si durante años no hubo interés suficiente para mantenerla, rehabilitarla o darle una nueva utilidad, ahora aparece el interés por venderla.

Primero el abandono. Después el deterioro. Y finalmente, ¿la demolición?

Vaya manera de darle la estocada final a un inmueble que forma parte de la memoria de varias generaciones de queretanos.

La Santa María no es solamente un ruedo con gradas.

Es el lugar donde muchos aficionados vieron por primera vez un toro salir por la puerta de toriles. Es el sitio de tardes memorables, de faenas discutidas durante años, de triunfos, broncas, silencios y ovaciones.

Es parte de la historia taurina de Querétaro.

Y sí, habrá quien diga que se trata de un inmueble privado y que sus propietarios tienen derecho a decidir qué hacer con él.

Legalmente podrá discutirse.

Pero la memoria colectiva no siempre cabe en una escritura de propiedad.

Ahí está el verdadero dilema.

Porque una cosa es que una plaza deje de funcionar y otra muy distinta es dejarla caer deliberadamente hasta que su deterioro termine convirtiéndose en el argumento perfecto para justificar su desaparición.

La pregunta entonces no es solamente cuánto vale el terreno.

La pregunta es:

¿Cuánto vale la historia?

Porque si el destino de la Santa María termina siendo convertirse en estacionamiento, tiendas, oficinas o cualquier otro proyecto comercial, probablemente habrá quien celebre la llegada de nuevos metros cuadrados de desarrollo.

Pero también habrá quienes recuerden que antes de esos metros cuadrados existió una plaza.

Una plaza que tuvo vida.

Una plaza que tuvo toros.

Una plaza que tuvo aficionados.

Una plaza que tuvo historia.

Y quizá lo más triste sea que, si finalmente cae, no habrá sido el toro quien le dio la estocada.

Habrá sido el abandono.

Habrá sido el paso del tiempo.

Y, finalmente, una decisión inmobiliaria.

Por eso convendría que antes de escuchar el último clarinazo alguien explique qué está pasando realmente con la Santa María.

Si existe una negociación, que se conozca.

Si existe un proyecto, que se explique.

Si existe una posibilidad de rescatarla, que se discuta.

Porque todavía estamos a tiempo de decidir si la Plaza de Toros Santa María merece una segunda oportunidad…

o si Querétaro está dispuesto a verla salir por la puerta grande de la historia para dejar su lugar a otro centro comercial.

Por ahora, el rumor sigue en el aire.

Y en la tauromaquia, cuando el rumor comienza a crecer alrededor de una plaza, más vale mirar con atención los movimientos detrás del burladero.

Porque a veces, antes de que salga el toro, ya está decidido el final de la faena.

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