Una visa retirada puede ser muchas cosas al mismo tiempo. Para unos, una señal de sospecha sobre un político; para otros, una forma de presión de Estados Unidos; para algunos más, apenas una decisión administrativa que no demuestra delito alguno. El hecho puede ser el mismo. Lo que cambia —y está en disputa— es su significado.

La controversia por las visas retiradas a políticos mexicanos ofrece así algo más interesante que la discusión sobre culpables e inocentes: permite observar cómo se construyen las narrativas con las que entendemos la realidad política.

Ernesto Laclau, uno de los principales referentes de la llamada Escuela de Essex, estudió precisamente estas disputas. Su planteamiento no supone que la realidad material no exista o que los hechos sean irrelevantes. La cuestión es otra: los acontecimientos no llegan a la sociedad acompañados de un significado político único e incontrovertible. Ese significado se construye y se disputa.

Las visas son un buen ejemplo. La oposición puede relacionar su retiro con palabras como corrupción, sospecha, narcotráfico o impunidad. Desde el oficialismo aparecen otras: soberanía, injerencia, persecución o falta de pruebas. Estados Unidos incorpora su propia narrativa: otorgar o retirar una visa constituye una facultad soberana y no necesariamente una acusación judicial.

Cada actor intenta establecer qué debemos entender cuando escuchamos las palabras “visa revocada”.

Pero la disputa va todavía más lejos. No solamente peleamos por decidir qué significa un acontecimiento, sino por establecer quién tiene autoridad para explicarlo. ¿Washington? ¿La Presidencia? ¿Los partidos? ¿Los medios? ¿Las fiscalías? ¿Las redes sociales?

En esa competencia permanente por fijar significados se juega también una parte del poder.

Por eso reducir el episodio a estar a favor o en contra de quienes perdieron una visa resulta insuficiente. Una decisión migratoria no es una sentencia judicial, pero tampoco queda aislada de la lucha política una vez que entra al espacio público.

Laclau ayuda a observar lo que ocurre después: diferentes actores toman un acontecimiento, lo relacionan con conceptos previamente cargados de significado e intentan convertir su interpretación en sentido común.

La batalla política contemporánea también ocurre ahí. Los hechos están a la vista de todos pero no hablan solos. Entre lo ocurrido y lo que una sociedad termina creyendo que significa existe un territorio en disputa.

Y conquistar ese territorio también es conquistar poder.

Google News