Hay algunos sueños que al pasar el tiempo alcanzan su caducidad, el caminar de las manecillas del reloj hacen su parte del trabajo y en ocasiones generan desinterés o el desánimo es tal que la lucha emprendida se termina dejando por la paz. Sin embargo, hay algunos sueños que son eternos, como los sueños de justicia, aquellos que, aunque pasen los años, se mantienen intactos. Por ejemplo, millones de mexicanos y mexicanas estamos convencidos que tarde o temprano queremos que se cristalice el sueño de ver al protagonista de la Guerra contra el Narcotráfico siendo llamado ante las autoridades para rendir cuentas por haber sumergido a nuestro país en un baño de sangre y de violencia, crisis de paz de la cual no hemos podido salir adelante, debido al basto poder que la administración blanquiazul comprendida de 2006 a 2012 le entregó a grupos criminales para que actuaran bajo la omisión de los encargados de aplicar la ley, con impunidad absoluta y desde la libertad absoluta para crecer de manera exponencial con apoyo inclusive de autoridades encargadas de velar por la seguridad de la ciudadanía.
Pero para que eso suceda, era necesario que su principal operador político, financiero y criminal, se encontrara tras las rejas, tal y como hoy en día se encuentra siendo enjuiciado en los tribunales de Estados Unidos. No es hecho menor el que parte de los testigos que se han presentado en la corte sean presos por actos y vinculaciones relacionadas con el narcotráfico, que con precisión narran en cada uno de sus testimonios, el proceso que existía entre el ex secretario y las agrupaciones criminales a las que pertenecían. Por si esto no fuera suficiente, parte de los testimonios pertenecen a policías mexicanos y estadounidenses, lo que exhibiría con mayor claridad como es que ese sexenio de FECAL fue una época dorada para aquellos narcotraficantes que encontraron en García Luna un cómplice, aliado y socio que les abriría la puerta de par en par para lograr su fortalecimiento.
Los relatos expuestos por los Zambada parecen extraídos de una serie de ficción, como si fuera el tráiler de un filme relacionado con el narco. Dichos testimonios dejan a la luz escenas que tienen como locación un restaurante donde habitualmente funcionarios de gobierno eran sobornados, o cómo es que el propio Rey Zambada era el encargado de coordinar las actividades de su organización en las instalaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
No obstante, la ambición del hombre de confianza de Calderón era tal, que llegó a tener acuerdos similares con grupos criminales que se encontraban en disputa, como en su momento fue el encabezado por Joaquín Guzmán Loera y el de
Arturo Beltrán Leyva. Vaya delincuentes que estaban al frente del país y que ahora son defendidos desde la tribuna legislativa por aquellos que deciden cerrar los ojos ante lo que se define como la creación de un narcoestado, a manos de aquellos que presumían tener extremidades limpias.
Espero que el sueño de 84% de las y los mexicanos se cumpla y se le investigue a Felipe Calderón por probables nexos con el narcotráfico. Recordemos que la justicia es lenta, pero implacable.
























