En su libro El futbol a sol y sombra, Eduardo Galeano define el gol como “el orgasmo del futbol” y escribe que “como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”, además de describir la locura se desata en un partido cuando un equipo anota. “El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio (…) y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire”.
En mi corta vida son pocos los “golecitos” que recuerdo, en su mayoría son extrañas maneras de definir por parte de Javier ‘Chicharito’ Hernández, pero como bien dice Galeano, uno como aficionado no se fija en las formas y un gol se grita con el alma incluso cuando no se trata de una obra de arte. Es cierto que cuando son ejecuciones impresionantes se aprecian más, pero dicen por ahí que gol es gol y cuenta igual.
Al final del año, la gente siempre mira atrás y hace un recuento de lo que hice en estos doce meses: malas y buenas decisiones, propósitos cumplidos, promesas rotas, sueños realizados e ilusiones rotas. Se hace un balance para definir si el año fue bueno o malo y encarar el próximo con más angustia o con más valentía, con más coraje o con más amor, con más entusiasmo o con más desesperanza.
En lo personal, siempre me ha parecido complicado calificar cada año que termina como positivo o negativo. Un total de 365 días y una incalculable cantidad de experiencias y personas que se cruzan por nuestras vidas a lo largo de 52 semanas, que querer englobarlo todo en un simple calificativo es como responsabilizar al árbitro por el resultado de un partido en el que participan más de 20 jugadores, dos técnicos y muchos más factores.
La vida, creo yo, es como el futbol. Ya sea con un torneo, con un equipo o con un partido simple, pero uno siempre puede encontrar similitudes si sabe observar. Ya lo hizo Galeano al comparar el gol con el orgasmo, ambos cada vez menos frecuentes, y otra cantidad de analogías podrían enumerarse aquí. En lo que a mí respecta, coincido con el uruguayo al pensar que el gol parece estar cada vez más ausente.
El miedo a perder predomina tanto en el mundo actual que cada vez son menos los equipos que arriesgan y se preocupan por ejecutar un estilo de juego atractivo además de efectivo. Y es eso lo que hace al gol tan especial, que no es algo que ocurra en cada momento, es algo que se espera con ansías y cuando pasa no sabes cuánto tiempo pasará antes de que se presente de nuevo. Cuando un partido tiene muchos goles, aunque interesante, pierde gracia y difícilmente alguien puede recordarlos todos con exactitud.
El gol, para mí, es como un momento alegre: no ocurre por casualidad, uno lo busca y además deben influir diversos factores que no siempre están de nuestro lado. Es verdad que en ocasiones, los goles llegan pero de igual manera se pierde el partido, así como en ocasiones hay momentos alegres pero el balance del año termina siendo malo. En esos casos no queda más que vivir la tristeza del momento y sobreponerse para el próximo partido ganarlo.
Dicen que de todas las batallas se aprende, incluso las que perdemos y supongo que es verdad. Al final lo más importante, para mí, es buscar hacer goles tanto en la vida como en futbol. Quizás se pierdan algunos encuentros y de manera muy dolorosa, pero es mejor arriesgar y proponer al frente que aguantar un aburrido empate a cero. Es mejor vivir y ser lastimado, que no vivir para nada.
























