Ante la alta aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la oposición apuesta por debilitar la estructura partidista de Morena para impedir que ese respaldo se traduzca en votos en las elecciones intermedias de 2027. Su objetivo es empujar a los simpatizantes hacia el abstencionismo o hacia una opción opositora.
Por ahora, las encuestas muestran que Morena conserva una amplia ventaja frente a los partidos de oposición rumbo a la elección de diputados federales. Sin embargo, el apoyo al partido oficialista –que las mediciones ubican entre 33.4 y 41%, según Buendía & Márquez, Mitofsky y Enkoll– se mantiene muy por debajo de la aprobación presidencial estimada entre 69 y 71%.
La oposición opera para dejar a Sheinbaum sin una base partidista sólida capaz de convertir su aprobación en el triunfo electoral de 2027, acción que realiza a través de múltiples frentes: desgasta la marca Morena, amplifica sus fracturas internas, fragmenta el voto oficialista y busca articular un bloque opositor que concentre el voto de castigo.
El objetivo declarado de la oposición es arrebatarle a Morena la mayoría calificada que obtuvo en el Congreso en 2024, en alianza con el PT y el PVEM. Para lograrlo, busca capitalizar el desgaste de la marca guinda en el ámbito local. En esa ruta, aprovecha las disputas internas por las candidaturas –especialmente en los doce procesos que la dirigencia del partido decidió “enfriar” al posponer hasta diciembre de este año la designación de los “coordinadores de la defensa de la 4T”, como se denomina eufemísticamente a las candidaturas– como una ventana para recuperar terreno.
Los llamados de Alejandro “Alito” Moreno, Manlio Fabio Beltrones y Vicente Fox a construir un frente común intentan evitar la dispersión del voto anti-Morena y concentrarlo en una sola opción capaz de maximizar la pérdida de escaños del oficialismo.
El éxito de esta estrategia dependerá menos de que Sheinbaum pierda popularidad –pese a la campaña recién iniciada contra la presidenta, que la acusa de consumir marihuana para supuestamente “soportar” la presión de gobernar– y más de que Morena llegue a 2027 dividido, desgastado y sin la presidenta en la boleta. En este escenario, la alta aprobación la mandataria podría convertirse en un activo políticamente inoperante en las urnas.
Aunque el cálculo de la oposición cuenta con argumentos que lo respaldan, la estrategia planteada enfrenta límites importantes. Los partidos opositores no han logrado capitalizar el descontento ciudadano: el PRIAN atraviesa una crisis de liderazgo e identidad que reduce su competitividad, mientras que Movimiento Ciudadano ha reiterado que competirá sin alianzas en 2027, lo que podría derivar en la fragmentación del voto anti-Morena.
La lealtad a Sheinbaum no se transfiere automáticamente al partido que la llevó a la Presidencia, pero tampoco puede ser arrebatada con facilidad por sus adversarios. De ahí surge un escenario paradójico –distinto al que anticipa la oposición–: Morena no puede heredar sin más ese capital político, pero sus adversarios tampoco pueden destruirlo.























