Mis hijos son regalos de la vida. Obsequios de carne y hueso, seres humanos de profunda inteligencia, amigos cercanos. Su llegada al mundo provocó reacciones marcadas por el amor, como el donativo que le hizo mi suegra a Rafael cuando nació: le entregó las ropas que usó su padre, mi marido, durante sus primeros meses de vida. Hay que hacer acopio de paciencia para guardar una chambrita por décadas hasta que llega el momento de entregarla a la nueva generación.
Muchas casas conservan mobiliario, ropa, documentos, fotografías, libros y obras de arte que van contando la historia de la familia que ahí vive. Un objeto se vuelve tesoro cuando guarda la narración de los momentos clave que han marcado al propietario. Puede tratarse de un plato o una joya, lo de menos es el valor monetario que haya significado su compra.
A veces, el costo de sus materiales es en verdad asequible, como el estambre y las agujas. Lo valioso es el trabajo que hay detrás: las horas invertidas en bordar, tejer, cortar, coser y remendar una prenda, una sábana de cuna, un juguete de peluche.
Hay lugares que nos acogen desde la primera vez en que los visitamos, como si el aire, los colores de los muros o los muebles nos dijeran: este sitio es para ti. Te estaba esperando. En esos paisajes nos encontramos bien, la comida nos encanta, la música de esa región resuena en los oídos como si la lleváramos desde siempre en la memoria. Provoca el deseo de cantar, dan ganas de bailar y de nunca regresar a la rutina.
Amalia Iglesias nació en Palencia, España, en 1962. De su pluma nació este poema:
“La noche quiere regresar hacia su origen, / nos desvelamos como niños cansados de soñar. / No hace frío esta mañana en el corazón, / la penumbra nos mira de un modo diferente / pero también con la serenidad de la costumbre. // Ya hemos estado aquí, / en esta ceremonia solitaria y secreta, / la misma montaña piensa en los ausentes, / algunos pájaros susurran nuestros nombres. / Su color improvisa un jardín diminuto, / asombrosa intimidad de las cosas pequeñas. / El musgo que amortigua nuestros pasos / para que no despertemos a su duende”.
Esa es la sensación que llena el corazón: ya hemos vivido este momento, aunque sabemos que es la primera vez.
Jaime Torres Bodet, pensador mexicano nacido en 1902, escribió sobre su madre:
“Vives en lo que pienso, en lo que digo, / y con vida tan honda que no hay centro, / hora y lugar en que no estés conmigo; // pues te clavó la muerte tan adentro / del corazón filial con que te abrigo / que, mientras más me busco, más te encuentro”.
Como una posdata, les regalo estos aforismos de Carlos G. Munté, autor nacido en Barcelona en 1989:
“Escribir es nacer a sabiendas”.
“La lluvia es la telaraña que la vida teje para atrapar amantes”.
“Morir es una pérdida de tiempo”.
“Es terrible encontrar tu sitio en el mundo y que ya esté ocupado”.
“Besar como si hubiera un mañana; eso sí que requiere
valentía”.
“En la oscuridad más absoluta, uno sólo puede reconocerse por dentro”.
























