Para comprender nuestro momento actual, hay que remontarse a décadas pasadas, cuando se colocaron los cimientos de las instituciones que rigen la vida nacional. Muchos organismos no están viviendo el mejor de los momentos. La nación ha sufrido descalabros y pérdidas, conflictos entre grupos de poder, cambios en la ideología dominante y actos de corrupción.
Sin embargo, la esencia permanece y los propósitos se cumplen, en muchos de los programas relacionados con la educación, las artes, el deporte y la cultura, los cuatro pilares del entramado que nos permite confiar en el futuro.
En febrero de 1959, el gobierno presidido por Adolfo López Mateos apoyó la propuesta de Jaime Torres Bodet, secretario de Educación, para crear una empresa productora de libros de texto que fueran distribuidos de forma gratuita a todos los niños de México. El 16 de enero de 1960 se hizo la primera entrega de los libros y cuadernos de trabajo a los pequeños de miles de planteles. Hoy en día, la labor sigue: en el año escolar 2025-2026 se entregaron varios ejemplares a cada uno de los 14.2 millones de alumnas y alumnos de toda la república.
No hay ninguna herramienta, ninguna estrategia, ningún plan social que se equipare a la educación como medio de formación de niños y jóvenes. Gracias a la educación, un pequeño nacido en una familia sin recursos materiales podía tener acceso al conocimiento, y por tanto, tenía esperanza en el porvenir.
Estas palabras, tan repetidas en los discursos que parecen haber perdido su brillo, son tan ciertas como la luz del día. Es nuestro deber, como ciudadanos de este país de prodigios, volver a creer en la educación como el medio idóneo para la transformación de vidas. Los libros de texto son la base para las lecciones en el aula, los concursos de conocimientos, las pruebas semestrales y anuales, las calificaciones y el avance escolar.
El estado de Querétaro tiene el privilegio de contar con la planta que imprime un gran porcentaje de los libros, en el formato apropiado para niños que ven, o en macrotipo o en sistema Braille para alumnos con ceguera o baja visión. Además, se editan libros en decenas de lenguas indígenas.
Hace varios años, visité la planta varias veces, con profunda emoción, cuando me tocó en suerte gestionar la gran exposición “Pintando la Educación”, conformada por 42 obras originales, elegidas para ilustrar los libros. Algunos de sus creadores: David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Gerardo Murillo (Dr. Atl), Rufino Tamayo, Saturnino Herrán y José María Velasco. El óleo sobre tela titulado “La Patria”, de Jorge González Camarena, fue la portada de mis libros de primaria.
Admirar estas piezas fue un viaje a mi propio pasado, a las lecciones de Lengua Nacional o de Geometría; al sabor de las tortas del recreo en cuarto año y a la voz de la sabia maestra Soledad Martínez. Un regalo de la vida.
























