No por inesperado, los aranceles que Trump ha anunciado imponer a importaciones canadienses a más tardar el próximo 19 de agosto no dejan de ser graves y una muy mala noticia.
Los motivos no dejan de ser fútiles, alegando los incendios forestales que han arrasado 3.3 millones de hectáreas en los estados de Columbia Británica, Ontario y Manitoba, que han producido nubes contaminantes, mas una supuesta discriminación canadiense hacia productos estadounidenses.
Los productos que sufrirán aranceles son equipos eléctricos, autopartes, maquinaria, productos agrícolas, lácteos y bebidas alcohólicas. Lo delicado es que varios de estos productos están bajo las reglas que rigen el TLCAN y pese a ello, sufrirán la imposición de aranceles.
La medida es a todas luces proteccionista, algo contrario al espíritu del Tratado, pues el gobierno de Estados Unidos apoya a sus agricultores vía subsidios; ellos cuentan con un seguro de cultivo, mas diferentes programas de apoyo; los productores de leche gozan de programas que respalda o paga directamente el gobierno. También se limitan algunas importaciones para no afectar a sus productores ni los precios que en el libre mercado se dejarían al mercado de la oferta y demanda.
Por ello acusar a Canadá de proteccionista no es real ni honesto. Desde 2017, en el primer año de su primer período, Trump impuso y amenazó con imponer aranceles a productos canadienses y anunció la renegociación del TLCAN, lo que daría paso a la firma del T-MEC en noviembre de 2018. Ese mismo año, en 2018, continuó imponiendo tarifas de “seguridad nacional” ahora al aluminio canadiense, que renovó en 2020. Hubo paz de 2021 a 2024 porque Trump no fue presidente.
En noviembre del año pasado, Trump volvió a la carga anunciando un impuesto de 25% a todas las importaciones canadienses, algo que finalmente no se dio, y en diciembre inició su campaña para que Canadá se convirtiera en parte de Estados Unidos, llamando al Primer Ministro Trudeau “gobernador”, “muy deshonesto y débil”.
En marzo del año pasado impuso aranceles al acero y en abril a autopartes y vehículos, siguió con la retórica del estado 51, escalando las tensiones con el nuevo gobierno de Mark Carney, quien manifestó firmeza a su contraparte.
El Tratado de Libre Comercio no sólo ha sido benéfico para los tres países, sino que catapultó a la zona norteamericana como la segunda más poderosa en términos de intercambio comercial mundial, después del Mercado Único de la Unión Europea, y si se profundiza, bien puede desplazar a los europeos. Al inicio de este año México llegó a ser el principal socio comercial de los vecinos del norte y Canadá el segundo, por lo que el potencial del tratado es algo que tiene que rebasar el período de Trump.
Lamentablemente, esta inexplicable agresividad trumpiana contra la leal Canadá, se cierne sobre México como amenaza. Poner aranceles a productos mexicanos tendrá consecuencias desastrosas para la economía de nuestro país, lo que importa poco o nada a los actuales gobernantes. Trump tiene muchos más motivos de retaliar a México.
























