El triunfo de Abelardo De la Espriella sobre Iván Cepeda en las elecciones presidenciales de Colombia reaviva el debate que se ha mantenido en todo el continente americano, por lo menos en este primer cuarto de siglo: gobiernos de izquierda o gobiernos de derecha.

A finales del siglo pasado, el politólogo italiano Norberto Bobbio sugería en su obra "Derecha e Izquierda" que la distinción clásica entre ambas posturas tendía a disiparse debido a que las fuerzas partidistas en Europa y América se desplazaban hacia proyectos de centro. Según su perspectiva, esta moderación fue una respuesta a las crisis extremas del siglo XX, tales como el auge del fascismo, los abusos del bloque soviético y las constantes amenazas de la Guerra Fría. No obstante, las dinámicas contemporáneas demuestran que la polarización ideológica no solo sigue vigente, sino que ha adquirido una renovada presencia, especialmente en América Latina.

Durante las primeras dos décadas del siglo XXI, el continente experimentó un claro predominio de gobiernos de izquierda, un fenómeno social denominado por muchos como la "Marea Rosa". Esa etapa estuvo caracterizada por liderazgos como el de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Enrique Correa en Ecuador y la influencia histórica de Fidel Castro en Cuba.

Dichas administraciones priorizaron políticas públicas de redistribución de la riqueza, un papel activo del Estado en la economía y un enfoque de soberanía nacional, así como una agenda progresista. Sin embargo, la falta de resultados en corto plazo, sumado al desgaste argumentativo y a la demanda de los ciudadanos por resolver problemas estructurales acumulados, tales como el estancamiento económico, la inflación y el incremento en los índices de criminalidad organizada; provocaron que el panorama actual cambiara radicalmente.

En contraste, hoy vemos la llegada de liderazgos de derecha en gran parte de la región. En este bloque se integran mandatarios como Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador, Dina Boluarte en Perú, José Antonio Kast en Chile y Rodrigo Paz en Bolivia, han logrado capitalizar el descontento social mediante discursos enfocados en la disciplina fiscal, el control fronterizo y el fortalecimiento de la autoridad estatal frente a la delincuencia. El reciente resultado electoral colombiano se inserta directamente en esa tendencia.

Así, lejos de converger hacia el consenso de centro que Bobbio preveía, los electorados de América Latina parecen optar por una alternancia marcada entre proyectos políticos opuestos, de tal manera que la distinción entre derecha e izquierda se confirma de este modo como un instrumento analítico interesante a considerar para comprender las estrategias electorales y los cambios en la dirección gubernamental.

Ello evidencia una inversión en el péndulo político, abriendo paso al ascenso de administraciones orientadas hacia la derecha, con libre mercado, seguridad pública estricta y una estrecha alineación estratégica con los intereses de Estados Unidos. Por tanto, la distinción entre izquierda y derecha sigue vigente en el debate político, dejando claro que la vuelta del péndulo en América Latina se ha fortalecido ante la ausencia de resultados y el crecimiento de fenómenos reprobables como la corrupción y la delincuencia organizada.

Veremos si, con estos cambios, el reloj de la política se instala en favor de una tendencia o si, por fin, logramos transitar hacía modelos más avanzados y menos polarizantes como la socialdemocracia y los gobiernos de centro, tal y como se hace en gran parte de Europa.

Ahí es donde está la verdadera incógnita.

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