Cuando algún ciudadano marca el número 070 para realizar un reporte, no sabe que del otro lado del teléfono lo atiende Fabiola Olguín, mujer invidente que trabaja en esta línea de atención ciudadana desde hace 15 años.

Fabiola conoce perfectamente cada parte del teclado y de su teléfono de escritorio, apoyada con un programa digital, escucha las declaraciones que escribe en su computadora, y de esta forma atiende cientos de reportes, sin que su condición de ceguera sea un obstáculo.

Orgullosa de su trabajo, pide a las autoridades que cada vez sean más los espacios laborales que se oferten a las personas con discapacidad.

“El ciudadano habla conmigo y no sabe que yo soy ciega, agradezco que se den este tipo de oportunidades a las personas con discapacidad, ojalá que cada día sean más”, comenta.

La mujer cuenta a EL UNIVERSAL Querétaro, que es ciega total de nacimiento, los médicos nunca encontraron una causa específica para su ceguera, sólo pudieron acertar que los nervios oculares no se desarrollaron completamente, por lo que Fabi, como la llaman sus amigos, nunca pudo ver.

“Son cosas que no tienen explicación, hasta diría yo que es cosa de suerte, los doctores sólo explicaron que entre miles y miles de bebés, yo fui uno al que no se le desarrollaron correctamente los nervios oculares y eso me impidió ver, pero eso es todo, no hay ninguna causa aparente, por eso mi discapacidad no es adquirida, sino de nacimiento”, explica.

Para Fabi, su condición de ceguera nunca fue un obstáculo para continuar con sus estudios y posteriormente buscar un empleo.

Estudió para ser maestra en la Escuela Normal de Querétaro, y confiesa que concluir sus estudios no fue una tarea sencilla, pues nunca tuvo acceso a libros en sistema braille, por lo que tuvo que esforzarse el doble que el resto de sus compañeros.

En las aulas, comenta, escuchaba sin problema las clases que impartían sus profesores, pero en casa, la situación se complicaba. Fue su madre quien cada tarde le leía los libros de texto necesarios para que realizara sus tareas; con orgullo cuenta que ella y su mamá estudiaron juntas durante todos esos años.

“Antes no teníamos la tecnología que tenemos ahora, hoy en día hay programas que te leen libros de texto, que te leen textos de la computadora, antes no había nada de eso, por eso mi mamá me ayudaba a leer todos los libros que yo tenía que estudiar. Y para mi mamá tampoco fue fácil, porque ella tampoco estudió, y no comprendía las cosas que leía en los libros.

“Me gusta pensar que estudiabamos juntas y que juntas también íbamos aprendiendo, porque era muy complicado cuando ella me leía álgebra, eran cosas que ella no conocía, y me decía ‘una equis con un dos arriba’, y luego yo le explicaba que se llama equis al cuadrado. Y así me leía todo, español, geografía, matemáticas”, recuerda la operadora.

Con la ayuda de su madre, Fabi terminó sus estudios en la Escuela Normal de Querétaro, al poco tiempo comenzó a dar clases a un grupo de niños ciegos, pero no pasó mucho tiempo cuando descubrió que la docencia no le satisfacía.

“Sí fui maestra, di clases a grupos de niños ciegos, pero me di cuenta que eso no era lo que yo en realidad quería hacer. Estudié en la Normal porque no tenía muchas opciones y en realidad no tomé bien esa decisión, a mí me gustaban mucho las matemáticas, si yo hubiera podido elegir, tal vez habría sido contadora, me gustan mucho las ciencias exactas”, cuenta.

Luego de dar clases algunos años, Fabiola Olguín dejó de ejercer como maestra y tuvo la oportunidad de entrar a trabajar en las oficinas de una delegación municipal y aún ahora no puede explicar, exactamente, cuál era su función en aquella oficina; lo que sí detalla es que se sentía más “como un estorbo” que como una persona 100% funcional.

“La verdad es que me tenían ahí nada más por tenerme, hacía de todo, manejaba algunos papeles, luego al siguiente día hacía otra cosa, estaba ahí nomás como estorbando un poquito a los demás, no me sentía bien, no tenía un trabajo que realmente pudiera realizar por mi condición de invidente”, dice.

Fue después de esta experiencia cuando Fabiola Olguín ingresó al área de atención 070, y entonces el panorama cambió por completo. De inmediato, aprendió cada parte de la computadora, y sin ningún problema comenzó a atender los reportes ciudadanos.

Se dice satisfecha con su trabajo, pues como operadora no hay nada que la distinga de sus demás compañeros.

“Tengo en mi computadora herramientas que me permiten usar cualquier programa, es un software que me dice letra por letra lo que voy escribiendo, si cometo un error lo corrijo.

“A las autoridades les agradezco que den este tipo de oportunidades a las personas con discapacidad, ojalá que cada día sean más, pero también les pediría que tengan en cuenta las habilidades de cada persona, no contraten a personas con discapacidad para tenerlas en una oficina sin nada qué hacer, cada persona tiene sus habilidades y pueden desarrollar unos trabajos mejor que otros”, comenta la operadora municipal.

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