En México no hay mucho apoyo para las personas con discapacidad al momento de buscar empleo, ni siquiera para educarse, afirma Mauro Moya, empleado del municipio de Querétaro, quién es el encargado de elaborar los tarjetones de estacionamiento para personas con discapacidad. Él mismo, desde los cinco años, sufre una discapacidad en las extremidades inferiores, cuando en una cirugía de corazón la anestesia le hizo daño y le mató parte de las neuronas motoras, dejándolo con una paraplejia flácida.
Mauro narra que a raíz de la operación del corazón, cuando apenas tenía cinco años, la aplicaron mal la anestesia, matando sus neuronas motoras, dejando como consecuencia paraplejia flácida.
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“Yo no tengo fuerza en mis piernas, sí siento, pero no tengo fuerzas para poder pararme, para poder moverlas, entonces tengo una paraplejia flácida desde hace 40 años”, explica, al tiempo que señala que ello ha complicado que pueda encontrar un empleo, hasta que encontró un “oasis” en el municipio de Querétaro, donde encontró un lugar cálido, inclusivo y en donde las puertas se abrieron.
Sin embargo, no en todos los lugares se tienen esas oportunidades. “Simplemente no hay mucha cultura aquí en México en cuestión de apoyar a las personas con discapacidad para conseguir empleo, y también en cuestión de la educación, a veces también hay muchas barreras de infraestructura para llegar a las personas con discapacidad, en este caso a seguir estudiando”, menciona.

Mauro dice que estudió hasta la preparatoria, aunque ya para la universidad fue más complicado, pues no había infraestructura amigable con las personas con discapacidad, situación que persiste actualmente.
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Comenta que le hubiera gustado estudiar Derecho, e intentó hacer el examen, pero su propedéutico se lo asignaron en la planta de arriba, entonces era difícil acceder a la planta alta, porque se tenía que esperar, o llegar muy temprano para que sus compañeros lo apoyaran a subir, o ser cargado en la silla.
“Lo intenté, sí lo intenté, pero fundamentalmente por cuestiones de infraestructura, por cuestiones de transporte, también porque en ese tiempo yo no traía carro, entonces pues era irme de la (colonia) Presidentes hasta la UAQ en la silla, porque a veces no había para el taxi, a veces si había para el taxi no te querían subir los taxistas, porque se tardan en subir la silla, me imagino.
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“Tienen esa mala creencia en cuestión de las personas, que nos tienen que cargar y nos tienen que subir y todo, y pues no, realmente nosotros ya tenemos, a lo mejor para desplazarnos sin ningún problema, ya tenemos más o menos la idea y la forma para desplazarnos sin que nos ayuden, pero también hay mucha gente que piensa que nos van a cargar y bueno, entonces sí se dificulta”, abunda.
Por otro lado, en el caso de los camiones, los choferes no querían subir a las personas con discapacidad, por lo que se tenía que ir en la silla de ruedas hasta la UAQ, desde la colonia Presidentes, haciendo hasta una hora y media en ese trayecto. Aunque de regreso, como es de subida, hacía más tiempo.
Señala que la ciudad ha cambiado, hay avances, muchas personas se preocupan por hacer la ciudad más incluyente, aunque también las personas con discapacidad ya salen más, y eso es una muestra de que hay más accesibilidad, ya pueden salir más de sus casas.
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Mauro también se da tiempo de mandar un mensaje a aquellas personas que suelen usar los lugares de estacionamiento de las personas con discapacidad. “Realmente no toman en cuenta que nosotros, por nuestra necesidad de vivir en una silla de ruedas, tenemos esta condición de vida, y esta condición nos da esos espacios, pues son un poquito más grandes, y también están más cercanos de los lugares.
“La discapacidad no es un privilegio. Entonces sí, a veces me enojo y digo, ‘pues oye, ellos pueden caminar, ellos pueden moverse, ellos no necesitan la cercanía de estos espacios’, y más que todo, las medidas, porque el espacio tiene unas medidas que van acorde para bajar tu silla de ruedas, y eso es lo que ellos no entienden”, enfatiza.
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