Roberto López Carrillo cambia la pila del reloj de una mujer. Se concentra, pero no deja de poner atención a lo que pasa a su alrededor. El hombre, de 75 años de edad, 30 como comerciante, dice que terminó dedicándose a la venta de productos electrónicos y material eléctrico después de ser víctima de una estafa. Antes tenía una concesión de transporte público. A él y otros concesionarios unas personas llegaron ofreciéndoles crear una empresa con la promesa de mejores condiciones, pero al final los defraudaron y perdieron sus concesiones.

Roberto, con buen pulso y paciencia, cambia la pila en su puesto en el tianguis del mercado de La Cruz, donde ofrece desde pilas para reloj, extensiones eléctricas, relojes, antenas para televisión, sockets, adaptadores, controles remotos, entre otros productos.

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Dice que antes de dedicarse a las ventas fue empleado durante 20 años. “Después de ser empleado empecé a buscar trabajo. Como no encontraba, sin estudios, empecé a buscar, hasta que encontré esto. Ser comerciante.

“Fui aprendiendo, preguntando más que nada lo que no sabía. Como en todo, no se sabe al 100%. Diario hay novedades, pero ahí voy”, comenta.

FOTO. DOMINGO VALDEZ
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Alrededor del puesto de Roberto se vende de todo. Hay un puestos de relojes y tenis, otro de memorias con música que reproduce canciones de Flans y Maná, un puesto más de bisutería, y un poco más lejos, aunque con presencia más notoria por el olor, un puesto de tacos de cecina.

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Explica que el fraude del que fue víctima en su etapa de conductor de transporte público, junto a otros concesionarios, les dijeron que se unieran para hacer una empresa que al final desapareció, luego de trabajar unos años, sin que supieran a quién se vendió esa empresa.

Primero nos prometieron una cosa y ya agrupados ya no nos dieron lo que nos habían prometido. Seis años estuvimos trabajando así. Y finalmente vendieron la empresa. No sé a quién y yo ya me quedé sin trabajo”, narra.

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Tras esa experiencia y con la necesidad de un trabajo, fue que comenzó a dedicarse a las ventas y cambiar pilas de reloj, además de arreglar ocasionalmente una que otra pieza.

Dos mujeres se acercan al puesto de Roberto para comprar pilas. El hombre las atiende y vuelve a su trabajo.

Dice que aún hay muchas personas que usan reloj, pese a que en los teléfonos celulares ya se cuenta con esa función.

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Hay mucha gente todavía que usa reloj. No ha habido menos clientes. Influye también la competencia, la competencia es difícil. Debemos tener un margen de ganancia para que salgan las cuentas. Y hay gente que no hace cuentas, nada más trabaja o gana lo mínimo. Y así por eso no salimos. Creo que no sabemos administrarnos, porque esto es un empleo”, explica.

FOTO. DOMINGO VALDEZ
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Agrega que el reloj es un artículo que no pasa de moda y es utilizado por personas de todas las edades.

Los viernes, sábados y domingos trabaja en La Cruz. Los otros días se dedica al comercio en otro lugar, junto con su esposa, quien también es comerciante. Agrega que sus hijos no se dedican al comercio, son profesionistas.

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Cualquier trabajo es noble. Uno que poner empeño. En la concesión yo manejaba. Entonces, ahí, ahora sí que me cortaron las alas, como dicen por ahí. Y ya no pude continuar. Es un trabajo que también me gustó mucho”, expresa.

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