Jamaica, la débil isla del futbol, desnuda a la estructura del balompié mexicano. Mentira que exista una Selección B que pueda competir en Concacaf.

El Tri fracasó en llegar, si quiera, a la final de la Copa Oro. Culpa de la ausencia de seriedad de la Liga MX al no prestar refuerzos a la escuadra de Juan Carlos Osorio. El fracaso se ha consumado... Y fue de manera triste, patética.

“¡Fuera Osorio, fuera Osorio!”, retumbó en las tribunas del vetusto Rose Bowl, convertido en símil de coliseo romano.

Con la anotación, en cobro de falta, de Kemar Lawrence (88’), el colombiano quedó evidenciado en sus rotaciones, que llevaron a México al abismo de la prematura eliminación en el torneo donde se supone es mandón. Sus horas podrían estar contadas. Ricardo Ferretti es, hoy, el candidato más sólido para ocupar esa caliente silla.

Verano negro para el Tricolor: pálido cuarto lugar en la Confederaciones y adiós a la Oro.

Osorio dijo que este combinado es el futuro de la Selección. Vaya destino que tiene, entonces.

Hubo una diferencia muy clara entre el partido de la fase de grupos y el de ayer. Jamaica sí se preocupó por ofender a México. Vía el contragolpe, pero los caribeños se atrevieron a acercarse a la portería defendida por José de Jesús Corona.

Entonces, el peso de la propuesta recayó en México. Y le costó imponer condiciones sin exponerse atrás. Cuando los tricolores tuvieron imaginación se encontraron con la carencia de calidad ofensiva de Érick Cubo Torres. El delantero que vulnera constantemente las redes en la MLS falló de manera inverosímil. Para un jugador profesional, errar un remate de cabeza en el área chica parece absurdo. Le pasó (24’).

Al Tri le costó recuperarse anímicamente de la falla del futbolista del Dynamo de Houston. Entristeció su juego y se volvió predecible con el paseo inútil de la pelota.

Jamaica, limitada y burda en su juego, ganó terreno. Su media cancha, inexistente, aunque sus veloces jugadores resultaron férreos oponentes para la zaga tricolor.

El modus operandi de los Reggae Boyz era ejercer el pelotazo, ganar un rebote y que el resto tuviera la bendición del azar. También la pelota parada les ayudó: un tiro libre de Jermain Taylor tuvo que ser desviado por Corona, otra vez figura.

La segunda parte, lo mismo. México intrascendente con el esférico. Confusión y un laberinto enfrente. Ni siquiera la salida del Cubo, por Ángel Sepúlveda, alivió la ausencia de talento ofensivo.

Los jamaicanos, cómodos en la cancha. Los mexicanos, como eternos dolientes. En el Tri no aparecía el hombre que marcara la diferencia. Poco a poco el reloj comenzó a apretar a los verdes, quienes estaban obligados por jerarquía, historia y “localía”, pero fracasaron en la generación de peligro. Estuvieron asfixiados, lentos en el traslado y carentes de paciencia. La ansiedad comenzó a fulminarlos.

Corona volvió a salvar a México al 78’, cuando Damion Lowe hizo un testarazo que el meta nacional evitó en la línea.

El portero del Cruz Azul anunció que está dispuesto a pelear por ser titular en el Mundial, porque ese boleto está seguro, con o sin el cuestionado Osorio.

Pero la figura mexicana no pudo impedir el tanto de Lawrence.

Osorio camina sobre aguas turbias, que amenazan con su despido del caliente banquillo de la Selección Nacional.

Sólo hubo otra cosa más bochornosa: la afición mexicana mantuvo el grito “¡Eeeh, puto!”, con todo y Gianni Infantino, presidente de la FIFA, presente.

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