Benjamín Díaz López tiene discapacidad desde los cinco años de edad; sus padres, originarios de Chiapas, jamás creyeron en las enfermedades ni en la eficacia de las vacunas, por eso no le aplicaron ninguna y la poliomielitis atacó a Benjamín e inmovilizó su cuerpo desde la cintura hasta la punta de los pies.

Hoy vive en Querétaro, trabaja como franelero o silbatero en el estacionamiento de un restaurante. Desde su silla de ruedas ha aprendido a salir adelante a pesar de la adversidad; espera que con el cambio de administración, las personas con discapacidad reciban más apoyo de los gobiernos.

Los papás del chiapaneco jamás confiaron en la importancia de las vacunas, por eso nunca lo vacunaron ni a él ni a sus hermanos. Sin embargo, de pequeño, cuando comenzó a crecer, notaron que su proceso de gateo duró más de lo normal; la poliomielitis ya comenzaba a afectar sus piernas y cuando cumplió cinco años sólo podía caminar con la ayuda de unas muletas.

Estos instrumentos eran su herramienta de trabajo y un objeto elemental para salir adelante, pero desde hace dos años dejaron de ser suficientes y ahora utiliza una silla de ruedas.

Vence la adversidad desde su silla de ruedas
Vence la adversidad desde su silla de ruedas

“Mis padres eran muy cerrados, no creían en las enfermedades ni en las vacunas, entonces a mí me pegó la poliomielitis, ahorita ya casi no hay esos casos, pero pues en ese tiempo era más común y había más gente como nosotros que no nos vacunábamos.

“Mi mamá dice que yo no podía caminar, sólo gateaba, eso duró mucho tiempo; a los cinco años me dieron mis primeras muletas, un señor me ayudó y él me las hizo. Durante 23 años estuve usando muletas, pero ahorita ya no tengo fuerzas, llevo dos años usando mi silla de ruedas”.

A pesar de las adversidades, ni siquiera la poliomielitis le ha quitado a Benjamín las ganas de trabajar, de reír, de hacer amigos; dice que la vida es sólo una y hay que vivirla; cuenta con orgullo que es un hombre acostumbrado a trabajar y a ser autosuficiente.

Cuando sus padres murieron, hace más de 20 años, Benjamín y sus hermanos se mudaron a Querétaro, donde echaron raíces. Benjamín no está casado, tampoco tiene hijos, su principal objetivo es salir a trabajar todos los días para no perder su independencia a pesar de la poca ayuda que las personas con discapacidad reciben de los gobiernos y a veces también de la sociedad.

Cuando Benjamín llegó a Querétaro no perdió tiempo en conseguir un nuevo empleo; durante muchos años trabajó en una lavandería, después en una tintorería, también fue checador de las rutas de transporte público y actualmente trabaja como franelero en el estacionamiento de uno de los restaurantes de la ciudad.

El hecho de depender de una silla de ruedas jamás ha limitado la visión del joven, quien llega al lugar desde las primeras horas de del día y se dedica a ayudar a los clientes a estacionar su automóvil.

“En Querétaro he encontrado buenos amigos, mucha gente me ha ayudado. Desde que llegué, conseguí trabajo aquí, primero en una tintorería, después fui checador de los camiones y después me vine aquí a silbatear” aquí a donde estoy ahora.

“A pesar de lo difícil que es buscar trabajo, hay que echarle ganas, hay mucha chamba aquí, no hay de otra, yo siempre tengo un plan, si un día me corren de aquí donde estoy, pues me pongo a vender chicles o algo, pero no me quedo sin hacer nada, hay que salir adelante, tengo que comer, tengo que buscar la forma de sobrevivir.

“Yo con este trabajo que tengo ahora he podido sobrevivir, pago mi renta, mi comida, todo, siempre hay que echarle ganas”, comenta.

Hace un par de años, Benjamín Díaz intentó solicitar ayuda del gobierno municipal de Querétaro, pero tanto trámite, tanta espera y sobre todo tanto gasto en taxis y traslados lo agotó y desistió de la idea.

Vence la adversidad desde su silla de ruedas
Vence la adversidad desde su silla de ruedas

Consiguió una silla de ruedas por otro medio, pero aún espera que las autoridades tengan más conciencia sobre las dificultades de vivir y trabajar cuando se tiene alguna discapacidad.

“Sí busqué el apoyo del gobierno hace tiempo para que me ayudaran con una silla de ruedas, pero me traían vuelta y vuelta, entonces yo gastaba mucho en camiones, a veces hasta en taxis, y pues no logré nada, nunca me apoyaron. Espero que con los nuevos gobiernos algo cambie.

“A los gobiernos y a los empresarios les diría que nos den más oportunidades a la gente que tenemos discapacidad, tenemos ganas de sobresalir; mientras estemos bien de la mente siempre queremos luchar, salir adelante. Les pediría que no nos cierren las puertas, somos personas que le echamos muchas ganas a la vida, hay gente que está buena, completa y se mete a los vicios, eso es muy triste”.

Benjamín Díaz se pasa los días ayudando a los comensales del restaurante El Portón a estacionar su vehículo: auxiliado de un pequeño silbato les indica cuál es el mejor lugar; agradecidos, los clientes casi nunca se retiran del lugar sin apoyarlo con una propina.

“Siempre hay que ver la vida de una forma positiva”, dice el chiapaneco de 39 años de edad.

arq

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