Querétaro, Qro.-

Templos vacíos, con pocos feligreses en su interior debido a la emergencia sanitaria se registraron el Día de la Candelaria. Alejandro Rodríguez Guzmán, sacristán del templo Del Carmen, afirma que contó 12 personas en una de las misas para bendecir a los niños Dios, que este año se quedaron en casa.

“Muchos de los fieles son adultos mayores y por miedo no salen a la calle”, señala el hombre, mientras acomoda algunos artículos en el altar del templo ubicado en las calles de Juárez y Morelos, en el primer cuadro de la capital queretana.

Al interior del templo de El Carmen hay tres mujeres. Una de ellas, la mayor, pide ayuda a una joven mujer para poder ingresar por la puerta, cuyo marco representa un obstáculo de mediana complejidad para ella.

“Ya me lavé las manos con gel”, le dice a la chica que le ayuda a cruzar el umbral para así poder “saludar a la virgen”.

Otras dos mujeres entran después de la adulta mayor. Ocupan el lado opuesto del templo que, aunque abierto, luce vacío.

Las luces del interior están apagadas. Alejandro, junto con otro hombre hacen algunas diligencias en el altar. El sacristán explica que este 2 de febrero, y durante toda la emergencia sanitaria por el virus SARS-CoV-2 las visitas de feligreses han disminuido.

En especial, este Día de la Candelaria; las personas en las misas, tanto en las de la mañana, a las 7:00 y 8:00 horas, así como en la de la tarde, a las 19:00 horas, la afluencia de fieles fue mínima. “A veces me pongo a contar a la gente. Lo más que han llegado son 20 personas. Este día fueron 12”, dice el sacristán, mientras su acompañante asienta con la cabeza.

Muchos de los fieles son adultos mayores, quienes no salen por el temor al contagio, además de que usan las redes sociales, por donde se transmiten las misas, para cumplir con su devoción sin arriesgarse a un contagio por estar en la calle.

Muy cerca de ahí, camina la señora Margarita, quien lleva en brazos a dos niños Dios en un moisés. Ella indica que estuvo buscando algunos templos en dónde bendecir a sus niños.

Fue en La Merced donde en una misa pudo hacerlo, no sin antes caminar y peregrinar por varias iglesias sin obtener mayor éxito. Contenta con el logro de haber bendecido a sus niños, se retira a su domicilio.

El templo de San Francisco, a unas cuadras de El Carmen, también luce abierto y recibe a los feligreses. Sin embargo, ninguno de ellos lleva a un Niño Dios. A diferencia de El Carmen, en este templo hay más feligreses, pero no pasan de una decena.

Una mujer, de unos 65 años, reza frente a la imagen del Nazareno, mientras es observada de cerca por una joven que la acompaña. La mujer mayor toca los pies de la escultura, y luego se persigna. Otros fieles rezan frente a las imágenes de la Virgen María en sus diferentes advocaciones, de Cristo u otros santos. Pero los niños Dios no aparecen.

El templo de La Cruz permanece abierto, pero la cantidad de personas en su interior es limitada a algunos fieles que acuden a rezar, a pedir por un familiar enfermo o dar gracias por la salud de sus seres queridos.

Algunos otros templos, como Santa Rosa de Viterbo, San Agustín, o la misma catedral, permanecen cerrados.

Las restricciones por el Escenario C en el estado limitan la cantidad de fieles que pueden estar en los recintos de culto, aunque muchos optan por cerrar.

A la capilla del Espíritu Santo, en la esquina de las calles de Arteaga y Ocampo, entra Rosario Correa con un niño Dios, con la esperanza de que un cura lo pueda bendecir.

Guillermina Morales, sacristana de la capilla, le explica que no hay misas y que será hasta las siete de la noche cuando haya misa para bendecir a las imágenes.

Explica que le dijo una amiga, hace dos semanas, si quería ser madrina de su niño Dios, a lo cual accedió. Para ello, le compró su ropita y sus zapatitos, además de tejerle su gorrito y una cobijita, “por si hacía frío”.

Rosario se retira, no sin antes decir que regresará en la noche para la bendición de su niño.

En tanto, Guillermina explica que la capilla la mantiene abierta hasta las dos de la tarde, para luego reabrir sus puertas unas horas en la tarde.

Señala que la capilla fue remodelada recientemente, por lo que ya casi es un año que se mantenía cerrada. Primero, por la cuarentena, y luego por los trabajos de remodelación.

Durante ese tiempo, a pesar de permanecer cerrada, la capilla representó algunos gastos como los de agua y electricidad.

Guillermina atiende a una mujer que llega a preguntar si tiene una imagen de San Martín Caballero a la venta en la tienda de artículos religiosos al interior de la capilla. La sacristana le dice que no, pero se lo conseguirá en los próximos días. Luego, se dirige a cerrar la capilla por unas horas. Por la tarde volverá a abrir, para recibir a quienes buscan unos momentos de paz espiritual.

Mientras, la gente camina por las calles de la capital queretana, pero pocos dirigen sus pasos hacia los templos católicos. Por la tarde habrá más personas que lleven a bendecir sus imágenes del Niño Dios para cumplir con la tradición de bendecirlos el 2 de febrero, aunque el de este 2021 sea muy diferente y que será recordado como el día de La Candelaria donde los niños Dios se quedaron en casa.

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