Construida en el siglo XVIII, la parroquia de la Divina Pastora crea una cohesión social. Es uno de los lugares más representativos del barrio de San Francisquito, el centro de celebraciones religiosas y de reunión de la comunidad, principalmente de adultos mayores, que representan la mayoría de la feligresía.

Leodegario Sergio Ramírez González, párroco en la Divina Pastora, explica que la feligresía del templo oscila entre los cinco mil a siete mil habitantes, de los cuales hay una gran cantidad de personas adultas mayores. “La mayoría de las personas que acuden aquí son personas de la tercera edad. Cada mes tenemos una celebración con ellos, donde tenemos más o menos 100, 120 personas que vienen.

Con ellas tenemos contacto cada mes. Hacemos una celebración, un convivio, así diríamos en lo cortito y, pues sí, es un barrio donde predomina también mucha gente mayor”, indica.

La Divina Pastora es su nombre original, porque en la capilla se venera a una virgen sentada al pie de una palma. Hoy, a este templo que formó parte de las capillas de indios, cuya construcción comenzó en 1785, también se le conoce como templo de San Francisquito.

Dentro de las instalaciones que se ubican en el terreno que corresponde a la capilla se ubica el Salón del Adulto Mayor, al cual, explica el padre Leodegario, pretende colocar un techo, para realizar distintas actividades que la feligresía realiza en el lugar.

“Dentro de los proyectos que tenemos aquí, como comunidad, es darle un mejor acondicionamiento al Salón de la Tercera Edad y que también ha tenido otros nombres, pero que se pretende que lo techemos, para que se pueda habilitar para un mejor aprovechamiento del espacio, ya que es un espacio que se presta para actividades parroquiales y también actividades de la comunidad”, comenta.

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Agrega que los fines de semana también se presta o se alquila a algunas personas que tienen que hacer ahí una reunión. Por ello, se decidió que se necesita acondicionar mejor, con mesas, sillas y el techo, sobre todo, para que se pueda usar durante el día. Para ello, hacen una campaña de reunir fondos para ese proyecto.

“Se intercalan entre ahí y la cancha que está aquí a unos cuantos pasos, actividades también de la tercera edad […] Tanto los concheros como las actividades parroquiales y grupos de la tercera edad por supuesto también lo solicitan”, abunda.

Añade que para esta remodelación no necesitan autorización del INAH, pues aunque dentro del terreno federal del templo, la obra que se pretende hacer no involucra la parte histórica. De hecho, explica el padre Leodegario, en la parte de atrás del terreno, con la asesoría de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), un estacionamiento y una especie de “atrio alterno”.

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En la parroquia también funciona un dispensario donde las personas pueden solicitar algún medicamento y, si lo tienen, se les brinda. Lo que no tienen es un médico de planta para dar citas o consultas, pero como hay centros de salud cercanos no ha sido tan necesario.

El personal del dispensario se dedica a dar el medicamento y a recibirlo cuando es donado, para ver que no haya caducado y esté en buen estado.

El medicamento donado también se reparte, en la medida de lo posible, con otros dispensarios ubicados en la Diócesis.

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Además, la parroquia sirve a la comunidad brindando servicios funerarios, pues tienen un contrato con una funeraria cercana. Las personas que están inscritas a este servicio, cuando se solicita, reciben la ayuda de la funeraria sin costo, es decir: la caja, el traslado del cuerpo al domicilio o al velatorio.

“Les asesoran también para los trámites de sacar los documentos cuando fallece una persona, pero sí es, tiene una cuota anual donde pagan cada año y hay poquitos socios. No son tantos como en otros lados, pero el fin es poderles ayudar en ese momento, de que no hagan un gasto, de lo que es la caja y los traslados de la funeraria, hacia donde lo vayan a velar o sepultar”, precisa.

“Aquí todavía, gracias a Dios, se conserva cierta población originaria y otra que migra constantemente por el trabajo. Las obras las hacemos así porque creemos que todavía hay posibilidad de que la gente se involucre y en la gente hay todavía esa conciencia de que es su parroquia. Algunos, incluso, aunque no viven aquí, reconocen que aquí tienen a sus difuntos, aquí se bautizaron. Gente joven hay poca, pero sí tenemos también mucha migración porque hay muchas vecindades.

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Eso hace que sea más variado. Se tiene mucha gente de otros estados que viven aquí, además también aquí celebran sus sacramentos, casi se la pasan más tiempo del año viviendo aquí”, precisa.

Pese a la gentrificación de la zona, la migración y el avance de la ciudad, la Divina Pastora no deja de ser el centro de reunión de la comunidad, principalmente para aquellos que en su madurez y tras toda una vida en el barrio, la ven como un como un alivio y un consuelo, pero también, y no menos importante, como un lugar de resistencia ante la modernidad.

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