“La negligencia operativa ha sumido en su peor crisis de seguridad y servicios de su historia reciente al Residencial Campestre San Gil, que se localiza en San Juan del Río”.

Por medio de una carta enviada a El Universal Querétaro, socios del complejo residencial denuncian que administradores estrangularon el presupuesto de seguridad, lo que provocó el colapso de la vigilancia interna, situación que llevó al robo en una casa en abril pasado.

“Las notas contables de la gerente Josefina Valdés confiesan que se recortó la nómina de guardias (46 mil pesos menos) y el combustible para patrullajes (9 mil pesos menos). Dejaron al residencial vulnerable y sin patrullas para maquillar las cifras”.

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A la par, acusan inoperancia tecnológica con la implementación del código QR diseñado para regular la entrada y salida de visitantes: los lectores escáner instalados en los accesos no funcionan, obligando a realizar revisiones manuales y burocráticas que estrangulan el tráfico. Al interior de la comunidad, se presume abiertamente que el proveedor de la plataforma timó a la administración con un software obsoleto e incompatible.

Añaden que el sistema de torniquetes para el personal externo es inexistente en la práctica: aproximadamente más de 500 trabajadores ingresan al día por el acceso peatonal sin que se mantenga un control adecuado.

Otro problema dijeron que no aclaran a dónde va el dinero de la recolección de basura reciclada que se genera en el complejo.

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