El año termina y con ello el límite para realizar diversos trámites, entre ellos la verificación vehicular, la cual muchas personas dejan hasta el último momento.

Llegamos al verificentro ubicado frente a la Plaza de Toros Santa María. Eran las 6:20 de la mañana y apenas había un automóvil formado en la puerta del lugar.

—¡Buenos días! ¿Aquí es la fila para verificar?— pregunté al señor que había llegado minutos antes esperando encontrar una larga fila para conseguir el holograma cero.

—Sí, amigo, aquí estamos para entrar— Coloqué el carro detrás del primer vehículo y comenzó la espera.

Pasaron cerca de 20 minutos cuando se acercó un tercer automóvil preguntando si la fila de apenas dos autos era para entrar al verificentro que desde los últimos días de la semana pasada había concentrado una larga fila de vehículos.

En cuanto el reloj marcó las 7:55, las puertas del Centro de Verificación Vehicular, uno de los 36 que tiene registrados de manera oficial el Gobierno del Estado, fueron abiertas para dar paso a los automotores.

—¡Hacen dos filas, por favor!— Dijo el encargado del lugar quien formó a los tres vehículos para adelantar un poco del proceso de admisión de los vehículos.

—Vamos a necesitar tarjeta de circulación, la última verificación y el pago de tenencia— indicó.

Las máquinas fueron encendidas y mientras el sistema comenzaba a cargarse —que por cierto demoró más de 20 minutos— dio tiempo para darle una “pasadita” a las banquetas, instrumentos de medición y los rodillos de rodamiento. Al mismo tiempo, el personal comenzaba a ocupar sus lugares de trabajo.

Habrán sido las 8:30 de la mañana y la indicación fue colocar los automóviles en batería dentro del lugar, tal y como fueron llegando. Para ese momento había cerca de 10 vehículos en espera.

Luego, una señorita solicitaba los documentos y preguntaba qué tipo de verificación se iba a requerir: la doble cero, la cero, la uno o la dos, mismas que van desde los 275 hasta los 497 pesos.

Por fin pasó el primer auto al carril número 2, donde de encuentra el dinamómetro y los instrumentos que captan las emisiones contaminantes de los vehículos. Eran las 8:48 de la mañana.

Primero se coloca al vehículo sobre unos rodillos que son parte del dinamómetro y sobre el cual girarán las llantas para llevar el auto a unas dos mil revoluciones por minuto. En la parte del mofle es colocada una varilla que a través de sensores capta las emisiones como CO2 y luego las registra en una computadora.

Después de algunos minutos, el vehículo es retirado y estacionado cerca de la salida para dar paso a las demás personas. El proceso se repite una y otra vez con cada auto.

En ese momento es cuando, si el auto ha quedado dentro de los estándares de emisiones contaminantes, puede pasar a la ventanilla para pagar lo correspondiente al holograma que se solicitó previamente.

Son las 9:30 de la mañana, llega el señor de los hologramas para colocarlos en alguna ventana del auto. Nos recomienda ponerlos en el parabrisas para que esté a la vista de los oficiales de tránsito.

La verificación, un calvario. Si bien durante el recorrido no se encontró una gran afluencia vehicular, algunos conductores han reportado esperas de más de una hora para poder realizar el trámite en la entidad, toda vez que el 31 de diciembre vence el plazo para aquellos que tienen engomado de color azul o placas con terminación 9 y 0.

Algunos trabajadores de verificentros afirman que serán los próximos días cuando comience el verdadero “calvario” para los que dejan al último momento el trámite vehicular.

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