Donde las olas rompen con un muro oxidado roído por la sal del océano Pacífico, inició la construcción del muro de Donald Trump: las vigas de la valla que dividen el mar, entre México y Estados Unidos están siendo reforzadas con malla de alambre.

En playas de Tijuana, en el lado oeste del muro de más de 3 mil kilómetros que llega hasta Tamaulipas, el gobierno de Estados Unidos colocó una malla de 50 metros que corre encima del muro, del lado americano, que impide meter una mano, como acostumbraban muchos ciudadanos que se reencontraban.

La malla es parecida a la que se coloca como cerco para contener a las gallinas, aunque de un material fortificado que es difícil de doblar; sin embargo a pocos días de que se colocará ya hay un hoyo por donde entran corriendo los perros que son paseados por la playa, a Estados Unidos. Van y vienen cuando gritan sus dueños.

Es la ciudad fronteriza donde se han erigido dos muros desde la década de 1990, para impedir el paso de migrantes a la ciudad de California, una de las más ricas de Estados Unidos.

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