“Murió Cárdenas, quien canalizó nuestros ímpetus juveniles de rebeldía y democracia”, me escribió una querida amiga estos días al enterarse del fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano este 28 de octubre de 2026, a los 92 años, tras toda una vida dedicada al fragor político y que, sin él, la transformación democrática del México contemporáneo no se entendería.

Como a muchos otros de mis contemporáneos, que lo han escrito en sus redes sociales en estos días, Cuauhtémoc Cárdenas marcó mi temprana adolescencia y mis inicios en el andar político.

Desde la campaña del 88, que, aunque yo tenía tiernos 13 años y no podía ni siquiera votar, al ver el fraude electoral del que fue víctima y todo el movimiento que se generó, despertó en mí un interés inusitado por la política y, sobre todo, la búsqueda de un nuevo México, diferente al que habíamos crecido en la decadencia heredada por los gobiernos de López Portillo y los inicios del neoliberalismo.

Algo que siempre debe reconocérsele es que nunca apostó por la violencia, como pudo hacerlo tras el fraude electoral. Optó por querer construir un México distinto por la vía de la paz y eso fue algo que me dejó marcado: esta búsqueda del diálogo con el otro y de buscar vías pacíficas, no apostar al odio, a la violencia tan de moda ahorita en algunos actores políticos de ambos espectros, izquierda y derecha.

Quizá para muchos radicales eso significó una decepción. Sin embargo, para mí fue un referente que me mostró cuál debería ser un camino por el cual México tenía que transitar.

Viví su segunda derrota electoral con mucha pena en el 94. Lo vi renacer como ave fénix en el 97, al ganar la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, y lo que parecía un gran despertar democrático en México, ya que la oposición tenía en su control, por primera vez, la mayoría en la cámara de Diputados y que en Querétaro, un antiguo bastión priista, ahora pasaba a manos de otro partido que, con el tiempo, se volvería hegemónico: el Partido Acción Nacional.

El 2000 fue el año en que México tuvo la gran alternancia, pero esta no se dio por la vía de la izquierda ni de Cuauhtémoc Cárdenas, sino por Fox, quien ya la historia lo ha juzgado en su sexenio de manera lamentable.

Tras la alternancia, Cárdenas buscó ser un vigía de este proceso que se llamó transición democrática, vio ascender a nuevas figuras políticas con las que no necesariamente estuvo de acuerdo en todo.

Aunque en una entrevista hace unos años, el propio Cuauhtémoc dijo que el cardenismo no existía sino que era la ideología emanada de la Revolución Mexicana, en este país del estilo personal de gobernar, como lo definió Cosío Villegas, el cardenismo se distancia dentro de lo que fue formándose dentro de la política Revolucionaria Institucional.

Para mí fue un honor, en 1995, entrevistarlo en Querétaro y recibir una lección periodística de su parte. Hoy sólo queda recordar y mantener ese legado para futuras generaciones, a través de lo que fue enseñando a través de los años y de su congruencia política.

Periodista y sociólogo. @viloja

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