Los sectores industriales de México respiran vientos de entusiasmo ante la creciente tendencia internacional del nearshoring, la cual ha ganado aún más impulso debido a la pandemia de Covid-19, las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, así como los conflictos políticos entre Ucrania y Rusia.
El nearshoring es un fenómeno del comercio internacional que implica la transferencia de operaciones de manufactura o parte de ellas a otros países con el objetivo de optimizar su producción, disminuir sus costos y tener mayor certidumbre.
Bajo esta visión, México ha ganado importante visibilidad como un fuerte candidato para la relocalización industrial; su posición geográfica lo convierte en uno de los destinos estratégicos, aunque la ubicación no es el único factor en la ecuación.
De acuerdo con un reciente reporte de JP Morgan, el nearshoring podría elevar el valor las exportaciones de bienes manufactureros a Estados Unidos en los próximos cinco años de entre 130 a 170 mil millones de dólares.
Pero no todo es color de rosa, expertos en el tema estiman que el boom que estamos vivieno del nearshoring durará alrededor de dos años, tiempo en el que se tomarán las decisiones de los nuevos destinos y se realizarán los traslados de las operaciones.
Ese es el tiempo que tenemos para convencer a las empresas de elegir México, para ello, parte fundamental de los esfuerzos deben estar centrados en diseñar una estrategia nacional para el nearshoring, una política industrial con mayor impuso en la innovación tecnológica y el impulso de políticas energéticas que garanticen el acceso a energía confiable, a precios competitivos y con baja huella de carbono.
Aunque el Gobierno Federal debería ser el gran articulador de estos esfuerzos, la realidad es que los gobiernos estatales también juegan un papel estratégico y no pueden esperar a que se den los cambios en la política industrial, energética y económica a nivel federal.
Los Gobiernos Estatales deben trabajar desde ya y con un sentido de perentoriedad para generar las condiciones necesarias que les permitan aprovechar el nearshoring, centrándose especialmente en dos elementos que considero sine qua non para lograrlo, la infraestructura y el talento.
La demanda de espacios industriales en el país es al menos cuatro veces mayor a la que se registró un año previo a la pandemia, el Fondo Inmobiliario Meor calcula que México requiere de al menos 11 millones de metros cuadrados de espacios industriales para recibir a las nuevas empresas, los estados que los puedan ofrecer estarán en el juego.
En cuanto al talento, los estados deben enfocar sus esfuerzos en la formación y especialización de la fuerza laboral, buscando que las compañías que lleguen por el Nearshoring generen la mayor cantidad de empleos locales.
Se espera una demanda específica de profesionales en sectores como tecnologías de la información, ingenieros de sistemas, desarrolladores de software y personal para el servicio de outsourcing en áreas como marketing, industrial y logística, según Adecco.
El nearshoring es un gran momento para definir el futuro de México; la oportunidad esta frente a nosotros, pero no llegará si no vamos por ella.
























