Entre los servicios que debe prestar el Estado, en sentido amplio, es decir, los tres niveles de gobierno, tal vez el de mayor importancia por su fuerte relación con la salud y el crecimiento de la población, es la dotación de agua potable, drenaje y saneamiento, por lo que los convierte en una de las dificultades más urgentes del régimen de servicio público a nivel mundial. La ineficacia de su gestión incide directamente en la población y el medio ambiente.

El sistema de agua potable y alcantarillado son elementos relacionados que proporcionan a la sociedad el agua potable que requiere, así como llevar a otro lugar las aguas utilizadas, pluviales y desechos humanos e industriales, para que puedan ser tratadas y posteriormente, se les asigne su rehúso o verterlas en cauces naturales. En todo caso debe asegurarse no ocasionar degradación alguna del sistema ecológico y procurar mantener las condiciones generales naturales de la zona o lugar que se trate.

Proveer servicios de agua a una población comprende complejas tareas de extracción y tratamiento de agua, distribución de agua potable y recolección de aguas residuales; así como la inversión, operación y mantenimiento de sistemas de infraestructura hídrica (OCDE 2003).

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, para tener un acceso seguro para la salud, cada persona debe disponer de cien litros de agua al día, la fuente debe estar a no más de mil metros de la vivienda y el tiempo necesario para ir a buscar agua no debe exceder 30 minutos. Para 2013, aproximadamente nueve millones de personas en México no estaban conectados a la red y 10.5 millones no contaban con drenaje (Conagua, 2014). El problema de equidad en el acceso al agua y saneamiento se relaciona con una ausencia en la política pública de medidas para proporcionar servicios de agua a poblaciones vulnerables, por ejemplo en zonas rurales y periurbanas.

En México los núcleos urbanos de mayor tamaño y crecimiento poblacional se ubican en zonas geográficas con baja disponibilidad del recurso, lo que propicia que la gestión se oriente básicamente a la transferencia de agua entre cuencas. Esta situación se presenta en varias de las principales áreas metropolitanas en México.

Además de la responsabilidad de los tres niveles de gobierno, debe construir infraestructuras hidráulica, estructuras pensadas para mantener o almacenar los caudales extraordinarios dentro de unos límites que no supongan un peligro para la población, las infraestructuras y los bienes, corrección hidrológico-forestal, que persiguen la restauración forestal y el tratamiento de los suelos como medio de control de la infiltración en los episodios de precipitaciones extraordinarias. Otra medida es la regulación de los usos del suelo en los sectores inundables.

También debe impulsar y participar de la Cultura de Agua, valores, actitudes, costumbres y hábitos que son transmitidos a un individuo o una sociedad para crear una conciencia responsable sobre el uso racional, la importancia del agua para el desarrollo de todo ser vivo, la disponibilidad del recurso en su entorno y las acciones necesarias para obtenerla, distribuirla, desalojarla, limpiarla y reutilizarla.

La conservación de los suelos, la flora y la fauna mantienen la integridad y el equilibrio de los elementos naturales que intervienen en el ciclo del agua, y si se apoya a que este círculo conserve su proceso, es decir, si cuidamos la naturaleza de nuestro planeta estamos ayudando a preservar el agua.

El reto de Querétaro es atender la crisis hídrica, tanto el suministro de agua potable como su destino, eficientar su capacidad pluvial, de almacenaje, desazolvar los cauces que se encuentran sin mantenimiento y obstaculizados que provoca una disminución en la longitud de sus secciones y tratar las aguas negras, entre otros temas.

Expresidente municipal de Querétaro y ex legislador. @Chucho_RH

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