Se trata de una familia queretana que en tres décadas ha sabido forjar y delegar empeño emprendedor, sin dar tregua frente a episodios de conmoción económica, sanitaria y otros tantos desafíos. Por ello, apenas pregunté a los hermanos Arturo y Mario, a quién dedicaban su nuevo logro de empresa, La Pizzoleta y no dudaron en responder que a sus padres, José Arnulfo y María Alejandra, “tienen todo el crédito; nos enseñaron que para el éxito se trabaja diario, que la paciencia y los valores abren la puerta a la confianza. Y apostaron en nosotros, sus hijos, con sus propios ahorros de vida”. Para los responsables de esta nueva marca, mejores inversionistas no pudieron tener y así dar el paso de un negocio en linea -dark kitchen- a su primer restaurante de comida rápida especializada en pizzas artesanales.

En el transitado boulevard de Las Américas y la poblada Reforma Agraria,  al sur de Querétaro, en naciente plaza comercial U7, la familia Mora Hernández sorprendía a los primeros comensales desde el cuidado arquitectónico de su fachada, el buen gusto en su diseño interior, privilegiando el espacio, y cuando llegó el momento de la primera degustación en un soft opening de su sucursal, el entusiasmo contagió a familiares, amigos y clientes, las pizzas con las especialidades que ganaron la fama en su primera etapa de entrega a domicilio, ahora del horno de piedra a la mesa: la de pastor, la de cinco quesos, la vegetariana, con masa gruesa o delgada, normal o dorada. Porque, Marco Arturo Mora, gerente, puntualizó que la pizza “siempre es buena idea”.

Para el experto en franquicias y negocios, Jaime Castillo, CEO y fundador de la consultoría, Inciatus, los Mora “sacaron oportunidad de la pandemia” y su trabajo en equipo auguró que les podría llevar incluso a la réplica en franquicias. Otro paso, en el que les estaría acompañando, pues aún y con su experiencia en el emprendimiento, los creadores de La Pizzoleta, decidieron ir de la mano de un asesor profesional. Castillo expuso que son cuatro los puntos que significarán la ventaja en un modelo de negocio de alimentos: equipamiento de última generación, eficaz y eficiente; personal capacitado, con procesos y procedimientos, su entrega y constancia; insumos de primer nivel; y una atmósfera con imagen.

El camino productivo del clan Mora Hernández comenzó en el diseño gráfico, revolucionaban la publicidad con sus equipos en los años 90, luego vendría el tema del sabor, y una batalla en la última década, que les abrió puertas en cadenas de supermercados, promoción en el extranjero, y el “nado con tiburones” para llevar adelante sus salsas Nayá y Macha, y ya con robustez, dar forma a su Grupo de Conceptos Narí de México, con botanas como la carne seca y tamarindos.

La expectativa de Mario Mora, su director, es que el holding de Narí con proveeduría de insumos, el marketing e impresión de su primera marca familiar Infinity Prime, y ahora, La Pizzoleta, sea el paso para consolidar el sentido gastronómico del corporativo. “Demostrar que se puede ir más allá de lo que normalmente se fija uno en el despegue”.

Este joven empresario, reconocido por su intensidad emprendedora, destaca el sentido democrático que también debe prevalecer en todo proyecto. “Pues sabemos que la nueva apuesta en nuestra pizzería significará la preparación de cientos de ellas, vendrán las franquicias, y el estar frente a una mayor exposición y alcanzar una mayor cultura laboral, en recursos humanos, en aspectos legales, fiscales, etc.”
Los hermanos Mora  repitieron que sus padres han confiado en ellos el futuro de su familia y la mejor pizza será la de la casa, la que se horneará con empatía, amistad y entrega.

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