Seguramente recuerdan al ex boxeador de peso pesado Mike Tyson, quien tiene una presencia relevante a nivel mundial, no solo por su contribución en el deporte, sino también por sus participaciones en series y películas; en el año 2003 contrató al tatuador Víctor Whitmill, quien se dedica a la creación, diseño y aplicación de tatuajes y quien en el año 2003 le realizó un tatuaje en el lado izquierdo de su rostro, una obra de arte única.
En la película que llegó a nuestro país con el nombre ¿Qué pasó ayer 2? se muestra una escena en la que otro actor después de un festejo de muchos excesos queda inconsciente y al despertarse tiene tatuado en el rostro, en la misma posición, tamaño y con idénticas características, la misma imagen del tatuaje realizado en Mike Tyson, lo que desencadenó una acción civil en el estado de Missouri[i], la cual pone sobre la mesa la titularidad de los derechos de autor, cuando la obra se plasma sobre la piel de un ser humano, pero la obra proviene del intelecto de otro ser humano.
Este juicio fue una propuesta muy interesante, ya que a pesar de que se resolvió de manera amistosa, se intentó incluso prohibir la exposición de la película en las salas de cine o modificar la película de manera digital para no mostrar la réplica del tatuaje.
El tatuaje plasmado en un artista tiene una nueva perspectiva cuando se obtiene un beneficio económico derivado de la explotación comercial, al presentarse como un elemento distintivo y que puede generar un beneficio la sola presentación, ya que tiene una audiencia cautiva y un escenario exponencial, ya sea en una película, un cartel, un videojuego, un concierto, etc.
No es solamente una forma de expresión personal e individual, sino que es un bien intangible que puede explotarse patrimonialmente y generar una ganancia económica por su simple exposición.
El derecho a la imagen propia, a la libertad personal se contrapone con el derecho a la paternidad e integridad de la obra, pero la explotación económica que puede recibir beneficios o verse perjudicada en sus contratos de patrocinio o licencias que afectan su imagen, así como la reproducción de la obra, puede generar conflictos como el aquí mencionado.
Un tatuaje se puede transformar en la firma visual de campañas publicitarias, la pregunta ya no es si la persona tatuada puede mostrar su cuerpo, ya que la respuesta es evidente, sino quién puede explotar económicamente la obra y cuáles serían las condiciones para hacerlo.
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[i] Whitmill, S. V. (2011, April 28). Verified complaint for injunctive and other relief (Filing 1), Whitmill v. Warner Bros. Entertainment Inc., No. 4:11-cv-00752-CDP (E.D. Mo.). https://docs.justia.com/cases/federal/district-courts/missouri/moedce/4:2011cv00752/113287/1























