No quiero sonar exagerado ni complaciente por el hecho de haber sido parte de la historia de éxito de una empresa de manufactura especializada que provocó un torrente de evolución industrial y educativa en el país; ni mucho menos sobredimensionar los esfuerzos que, al igual que muchos otros servidores públicos como yo, hemos hecho a lo largo de muy diversos momentos de la historia industrial y educativa de nuestro país.
Sin embargo, ahora que tuve la fortuna de participar en la celebración de los primeros 20 años de vida en México de la empresa de origen canadiense Bombardier Aerospace México, no solo me emociona, sino que me siento con un poco de obligación moral —y algo de autoridad, por mi nivel y tiempo de participación— de recordar para mis queridos lectores, esta historia de éxito en México y particularmente en Querétaro.
Mi primer encuentro con ejecutivos de Bombardier fue el 11 de junio de 2005, era un sábado por la mañana cuando recibimos al primer contingente de canadienses, que apoyados por empresas consultoras ingresaron a la Universidad Tecnológica de Querétaro (UTEQ) para que académicos y funcionarios de esta universidad —entonces yo trabajaba para esta institución educativa— presentáramos las características del modelo educativo tecnológico mexicano, para que con sus debidas adaptaciones pudiera soportar la adaptación de programas educativos e incluso la creación de nuevos programas. Eventualmente todo ello derivaría en la creación de una institución educativa única en México.
Este martes #DesdeCabina quiero retomar dos grandes argumentos que para mí han sido grandes diferenciadores de la transformación que detonó Bombardier, el primero de ellos fue el desarrollo educativo y el segundo fue el ecosistema industrial que se configuró.
Primeramente, desarrollar capacidades educativas flexibles, pertinentes y de amplio alcance fue una tarea por demás titánica. Esto involucró retos de: política educativa pública, de desarrollo de contenidos pedagógicos para el desarrollo de competencias para la manufactura aeronáutica (no existentes hace 20 años), entre otros retos, que derivaron en grandes presupuestos de inversión y en complejos procesos de formación docente para la implementación de los programas con la flexibilidad y pertinencia necesarios. Todo ello quedó plasmado en una diversidad de programas que no solo apoyaron la llegada de Bombardier a México y de otro centenar de empresas, sino que motivaron la creación de instituciones educativas y programas técnicos y universitarios en una diversidad de instituciones a lo largo y ancho del territorio nacional.
Hoy existen casi 60 instituciones de nivel superior, públicas y privadas, más de 10 que ofrecen formaciones técnicas, cinco que ofrecen programas de maestría y dos que ofrecen programas doctorales en aeronáutica. La transformación educativa aeronáutica ha sido nacional.
El segundo argumento, la configuración de un ecosistema industrial gracias a la integración de políticas públicas a través de programas, el impulso y apoyo a empresarios y desarrolladores industriales permitió que la masa crítica empresarial para el sector creciera durante la primera década.
[Publicidad]























