Esta semana, la violencia morenistas se hizo presente para coartar las libertades de quienes no piensan como ellos. Preocupa que el lopezobradorismo copie los mismos métodos de propaganda de Hitler y la misma brutalidad nazi para intimidar a sus adversarios.
Para acabar con libertades han optado por ir gradualmente aplicando medidas que las limiten, hasta eliminarlas, semejante al método de tortura y ejecución “lingchi” usado en la antigua China, denominado muerte por mil cortes, utilizado para desangrar -y debilitar hasta matar- poco a poco a sus víctimas: lento, pero seguro; igual lo hacen con las libertades.
A lo largo de los casi 8 años de lopezobradorismo, la violencia, definida por la OMS en su Informe mundial sobre la violencia y la salud (2002) como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad, lo que causa o tiene muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos o privaciones”, ha sido sistemática desde las mañaneras contra sus críticos.
Así, violencia es utilizar políticamente a su favor las necesidades de personas (Compañía de Luz y Fuerza del Centro y familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa), y no resolverlas; es brindar impunidad a corruptos y a presuntos narcopolíticos: AMLO, Andy, Adán Augusto, Audomaro, Amílcar Olan, Rocha Moya, Inzunza, etc.; es comprometer el futuro de la nación, especialmente de los jóvenes, con una educación de cuarta.
Según las circunstancias, utilizan violencia física (bloque negro); violencia psicológica o emocional (a Grecia Quiróz); violencia económica (presuntas extorsiones de Julio Scherer y cercanos de Arturo Saldívar a empresarios); violencia patrimonial (por parte de Brugada al patrimonio ciudadano en la CDMX): violencia digital o ciberacoso (granjas de Bots, por Jesús Ramírez); violencia simbólica (dejar en el suelo y decapitar la estatua de Felipe Calderón); etc.
En estos días, morenistas ejercieron violencia vicaria contra el periodista de TV Azteca, Irving Pineda -saliendo de Palacio Nacional- por el atrevimiento de localizar en Suiza al cómplice de Andy, Amílcar Olan; hostigaron a Felipe Calderón por su participación en el Foro América Libre 2026; agredieron a la periodista Lourdes Mendoza a su llegada a dicho evento. Sheinbaum ejerció violencia verbal contra Calderón, producto de sus fobias y prejuicios, reiterando mitos que no han podido probar.
Y no faltó la violencia de AMLO a comunicadores, en su reaparición. La violencia, además de su vinculación al crimen organizado, se está convirtiendo en la identidad de Morena.
También es la cómplice omisión ante la corrupción oficial: Huachicol fiscal, Segalmex, adjudicación de contratos a amigos de Andy; desabasto de vacunas, medicamentos -especialmente oncológicos-, y aplazamiento de cirugías, pese a que la población paga su seguridad social. Además de entregar la soberanía nacional a los cárteles para que gobiernen zonas del país con la complicidad morenista.
Violencia es comprometer el futuro de las generaciones venideras por sobrecostos e interminables subsidios a obras ineficientes y subsidiadas como el Tren Maya, Refinería de Dos Bocas, Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, así como por el excesivo e irresponsable endeudamiento (más de 9 billones en 8 años) que compromete las finanzas nacionales y ponen en ellos una pesada carga. Igualmente, la destrucción institucional (INAI; CONEVAL, IFT, CRE, Mejoredu, etc.); la captura y apropiación de órganos del Estado (INE, CNDH, SCJN, etc.).
Así mismo, es coartar la libertad de expresión (ley antimemes, perseguir y asesinar periodistas); desatender a víctimas de la violencia (madres buscadoras, defensores de derechos humanos); es polarizar a la sociedad.
Poco a poco, el rostro intolerante de la 4t va convirtiendo a la violencia en una vía eficaz para descalificar, violentar, controlar o someter a opositores. Camino obligado de los autócratas al totalitarismo.























